Queridos seguidores, hoy toca reseñar un título conocido: La Chica del Tren de Paula Hawkins. Este libro, editado por Grupo Planeta (aquí), ha sido una locura mundial y yo, tarde mejor que nunca, vengo a daros mi opinión.



¿Por qué decidí leer 'La Chica del Tren'? El fenómeno se propagó como espuma de cerveza, así que caí en sus redes, pero tengo la mala (o buena) costumbre de dejar pasar un tiempo prudente para que se calmen los ánimos que surgen a causa del boom de algo (cosa que me va a ocurrir de nuevo con Miss Peregrine, por ejemplo) y por ello, lo reseño hoy. También quiero dar las gracias a mi novio, que fue quien me lo regaló.

¿Cómo es la lectura de 'La Chica del Tren'? He tenido que ponerme secuencias de Hitchcok antes de comenzar esta reseña. Lo necesitaba. La atmósfera de este libro, asfixiante y siempre en suspense, me recuerdan a él. Quiero expresaros cómo La Chica del Tren puede llegarnos a asfixiar. Yo siempre escribo lo que siento, no lo que leo. Reseño lo que he vivido, no lo que he opinado. Así que desquiciaros un poco conmigo, porque las vías del tren no se vuelven a mirar del mismo modo.

La Chica del Tren está considerada un thriller psicológico que se desarrolla entorno a la desaparición y muerte de una mujer, así como la búsqueda del culpable. Planteamiento a lo Ágatha Christie: muchos culpables, muchos giros engañosos y mucho miedito psicológico a hacer ruido (no vaya a ser que nos culpen a nosotros). Se presenta como un 'todo es posible'. Creo que la etiqueta del género es muy adecuada, porque suscita muchas ralladas mentales. 

Todos los personajes tienen algo que les atormenta, y son muy, muy decadentes. Esto me encanta. Me encanta el papel del personaje con problemas que te entrega una parte visceral de él, sin velos, tapujos o decorado. Sólo él, su mierda y su profunda forma de ver la vida. Los tormentos son los mejores maestros, y cada personaje nos da algo y también nos hace temer por algo. Esto se acompaña de una antítesis entre lo ruinoso de las vías del tren y lo lujoso de las urbanizaciones con grandes casas y jardines espectaculares que las circundan. No sé vosotros, pero yo siempre he sentido cierta aprensión ante las vías del tren, pues tienen un aspecto ruinoso, siempre a las afueras y en barrios pobres, siempre letales y chirriantes. Sin embargo, es mi medio de transporte favorito. Es por esto, que he conectado en seguida con lo que la autora quiera expresarnos, con lo poético y mortal de los raíles. Todo ello, lo complementa la frialdad y aparente tranquilidad de esas grandes casas habitadas por familias felices, que toman el desayuno en un bello jardín despreocupados del bullicio del mundo. Hasta ahora, claro, porque Paula introduce el bullicio del mundo en esas casas, y lo hace viajando en tren.

¿Me vais entendiendo? Estamos buscando a un culpable, y nuestra protagonista es una alcohólica crónica con amnesias temporales y localizadas de ciertos episodios de su vida. ¿Es ella la culpable? Independientemente de esta respuesta, para mí es el mejor personaje de todos. La forma en que se ha descrito el alcoholismo está muy lograda, y podemos sentir hasta las resecas y culpabilidad de Rachel (así se llama nuestra protagonista). Me gusta ver el mundo a través de los ojos de Rachel, porque es delirante, porque ella se fija en lo que nadie más ve: por ejemplo, esa ropa sucia y abandonada al lado de las vías. 
Me he enamorado del ritmo y la atmósfera. Los capítulos son cortos a modo de diario: cada capítulo corresponde a un personaje y se va relatando con la fecha en qué sucede (por ejemplo, 30 de septiembre de 2016) distinguiendo entre mañana o tarde. Las frases son cortas, muy cortas. Tajantes. Y esto es poético. De hecho, los autores que acostumbran a escribir poesía, cuando se atreven con la prosa, hacen esto: expresar sus ideas de forma escueta. 

Como os iba diciendo, me he enamorado de la escenificación, los traumas y el suspense. Y mi única pega está en que no es el librazo que nos han contado, porque el asesino no nos ha tenido que mentir tanto. Éste es mi reproche también a The Times, quien lo declaró "el mejor narrador engañoso del año". No engaña porque no tiene que esconderse demasiado de nosotros. Ya lo comprenderéis. Así que aunque comienza "a lo Agatha", termina más flojito. O quizás es que ya llegamos al final habiendo dado un buen repaso a todos los posibles culpables y cualquier cosa sería factible. 

Pero, ¡ey! Leedlo para sentir ese no sé qué al mirar a través de la ventana de un tren, imaginando la vida de personas desconocidas mientras pensáis qué ocurriría si fueseis parte de eso que desconocéis. 

¿Volvería a leer algo de Paula Hawkins? Sí, aunque dentro del género es la única novela que tiene publicada. Su otro libro tiene una temática romántica, y a mí me gustaría seguir conociéndola aquí, en ese rinconcito turbio de la mente. Así que Paula, continua escribiendo para mantenernos en suspense. 

Con respecto a la película que se va a estrenar, he visto el trailer y no me ha gustado nada. En el tiempo que ha durado, he visto demasiado sexo y demasiada normalidad. No me ha transmitido el pánico que te transmite el libro, pero en fin, habrá que verla y después, volver a opinar.