Recuerdo perfectamente cuál era uno de los temas en los que más me interesaba trabajar cuando estudiaba Psicología: cuidados paliativos. Sin embargo, también recuerdo que era un oficio que me aterraba, no por la cercanía de la muerte en sí, ese eterno tabú, sino por mi capacidad para acompañar a personas que están en esa fina frontera en la que todo o casi todo puede ocurrir.

La lista de arrepentimientos de Clover es una novela escrita por la escritora Mikki Brammer que estuvo dando vueltas por mi mesita de noche durante meses. Y así cumplió un año desde que la recibí y, finalmente, la leí. Me sentí muy absurda cuando lo hice, porque en un par de días la tenía terminada: es una historia luminosa que no pude soltar.

«Mi trabajo consiste en estar tranquila y presente», dice la protagonista en uno de los primeros capítulos del libro. Y es que Clover se dedica a acompañar a personas para que no mueran solas. Es una doula de la muerte (desconocía el término). Siente, de hecho, una profunda conexión con los moribundos. Más que con las personas que están vivitas y coleando. A mí me dio mucha paz: su trabajo, la entereza ante su trabajo y la posibilidad de abstracción del mundo real que le proporciona su trabajo. Desde el inicio de la novela, sentarse junto a la muerte parece un buen plan comparado con el ruidoso mundo exterior. Ahí volvió mi antiguo anhelo de estudiante de Psicología. Pero me temo que me encuentro aquí, en el ruidoso entorno, haciendo esta reseña.

Clover, sin embargo, tiene muchas más características. Entre ellas, tres libretas en donde apunta, respectivamente, arrepentimientos, consejos y confesiones. En ellas documenta las últimas palabras de sus clientes y, al parecer, casi todos los testimonios se podían organizar en alguna de estas tres categorías. La verdad es que esta chica me cae genial. Además, son como una especie de recordatorio para no olvidar lo importante mientras viva.

La personalidad de la protagonista (disculpad que hable sobre todo de ella, pero es el kit de la historia) es peculiar. Una especie de Amélie moderna mezclada con un Sheldon Cooper que no acaba de encajar bien en los rituales sociales, que no le gusta la imprevisibilidad, que prefiere estar sola y que se aísla cada vez que puede. No tiene amigos, vive en el piso que le dejó en herencia su abuelo y despliega su enorme mundo interior principalmente para ella misma. Así que el hecho de que aparezca una nueva vecina risueña, extrovertida y colorida, todo lo contrario a ella, le rompe su patrón habitual. Esta vecina tendrá mucho que ver con su apertura hacia el mundo.

También aparece un chico y quizás esta es una de las partes que más me han gustado. Cómo Mikki Brammer te lía la cabeza con un proyecto de romance y cómo todo esto se resuelve«La cultura popular me había engañado al perpetuar ese falso estereotipo de que todos los besos eran maravillosos». Es maravilloso asistir a cómo Clover va descubriendo el mundo y a sí misma. 

Así, llega a la casa de una anciana, con una enfermedad terminal, y su labor con ella consiste en escuchar sus historias de cuando era fotógrafa. Una anciana que marcará un antes y un después en su vida. Debo reconocer que estos pasajes, sin embargo, son los que menos me interesaron.

La lista de arrepentimientos de Clover, escrita por Mikki Brammer, ha sido una novela luminosa que se puede leer atendiendo a diferentes aspectos (a cuál más interesante). Se puede tomar como un paseo cerca de quien muere, aprendiendo el arte de acompañar y asistiendo a esos últimos testimonios que, como todos ya intuimos, se parecen bastante entre sí, pues al final lo que recordaremos de la vida es algo muy simple. También es una obra sobre una protagonista que va descubriendo su lugar en el mundo y que gracias al poder de la amistad, del amor y sobre todo, del amor propio, consigue iluminar sus días y resignificar su propósito. Por último, pequeñas historietas de amor y de aventuras que juegan al despiste con el lector y que consiguen hacer de esta novela una verdadera obra de arte.