Ha llegado el momento de reflexionar sobre cómo y por qué abrí este blog. Para mí, este lugar es muy especial por numerosas razones, pero también requiere mucho trabajo. Es una sensación compartida por todos los bloggers el hecho de no tener tiempo suficiente para volcarnos en nuestras plataformas digitales tanto como nos gustaría. Y es que un blog, lejos de lo que algunas personas piensan, roba muchísimo tiempo. Cada vez que nos ponemos a redactar una entrada, no sólo hay que pensar en el contenido, sino que también tenemos que darle formato, añadir imágenes y asegurarnos de que quede lo más pulcro posible (eso sin hablar de los coqueteos con el HTML cuando algo se descoloca). Es una obra maestra esto de hacer publicaciones atractivas, y no todo el mundo lo valora. Además, llegados a cierto punto, mantener un blog tampoco es un juego, aunque nunca debería llegar a ser una obligación. Es, simplemente, un compromiso con algo que nos gusta.

La Reina Lectora

Abrí este blog en 2015, más o menos en febrero de ese año. Y no os voy a mentir, en esos momentos de mi vida estaba realmente perdida. Había terminado la carrera universitaria y me limitaba a seguir la corriente. Me metí en un máster no sé muy bien por qué y los acontecimientos se precipitaron. A la semana de comenzar dicho máster, me sentí anímicamente muy mal. No me gustaba el lugar en el que estaba y, por suerte o por desgracia, soy una persona que necesita apasionarse con lo que hace o, lo de lo contrario, me siento defraudada conmigo misma. Para más inri, mi papá enfermó y os podéis imaginar de qué. Fue un año gris, de desorientación, lágrimas y frío. Y, entonces, comencé a tomar decisiones. La primera fue dejar el máster. Las reacciones sociales no se hicieron esperar. A día de hoy sigue habiéndolas, a pesar de que sin ir a clase, fui de las notas más altas de mi promoción en las asignaturas que me dejaron cursar a distancia para no perder la beca. La segunda gran decisión, fue rechazar un puesto de trabajo dentro de la universidad ofrecido por el mismo Decano. A veces, creo que la vida te pone pruebas para comprobar si estás seguro en tus decisiones. Mi respuesta fue negativa y las opiniones de mi alrededor aún más cruentas. Y, la tercera decisión, aunque por aquel entonces me pareció de poca importancia, fue abrir este blog.

Estas cosas siempre suelen ocurrir así. Creo que los grandes amigos al final nos acaban guiando en los momentos en que más lo necesitamos. Ese mismo año reapareció en mi vida una persona con la que compartí parte de mi adolescencia. Crecer separa por mucho que nos obcequemos en evitarlo, y nosotras perdimos el contacto durante bastante tiempo. Pero ese año, y en ese momento, ella estaba allí, paseando por las calles de Salamanca a mi lado, como si el tiempo fuese solo un cuento narrado en las noches a los niños pequeños. Recuerdo el instante en que sugirió, inocentemente, que me abriese un blog literario como ella. Estábamos cruzando un paso de peatones. No me interesé mucho por el tema y lo dejamos correr.



Ese día llegué a casa después de cenar. Mi novio estaba en su habitación terminando un trabajo para su máster y yo me senté sobre su cama un poco desolada, como venía siendo costumbre en aquel estado anímico mío. Le observaba teclear ausente de todo. Y, entonces, me fijé un poco más a la derecha, justo en el rincón de su mesa donde tenía interminables bocetos de sus dibujos. Mi novio trabaja en diseño editorial y ya estoy acostumbrada a convivir con folios y lápices como compañeros de piso. Pero, en concreto, esos papeles me recordaron a algo. Me levanté como un resorte de la cama y me acerqué a los cajones de su cómoda. Rebusqué y rebusqué como una posesa ante su atónita mirada y llegué a ella. Unos trazos sobre una superficie blanca, perfectos, seguros. Días atrás, cuando mi novio terminó de dibujarla, me obsesioné con esa figura. Le sugerí que hiciésemos un cómic, un cuento o lo que fuera, porque me encantaba ese personaje. Como muchos artistas, él pasó a otra cosa porque no da importancia a las obras de arte que dibuja distraído. Siempre me gustó más todo lo que dibuja distraído mientras ve la tele, come o estudia, que aquello que dibuja a petición o concentrado. Lo primero le sale del corazón, es puro instinto artístico. Con el trozo de folio en mi mano, le rogué que pasase aquel esbozo a ordenador. Había nacido una reina.

La Reina Lectora ha ido evolucionando con el paso de los años. Primero fue un dibujito en bruto y, después, la fuimos retocando hasta el día de hoy, que ha pasado a tener una forma bastante minimalista.

La Reina Lectora


Como siempre digo, yo no creé a la Reina. Ni si quiera la encontré. Ella nació para buscarme a mí y guiarme en mi camino. Me mandó señales desde el fondo del cajón y no pude por menos que cumplir sus órdenes. Yo la salvé del olvido y ella me salvó a mí de la desorientación. Desde entonces, juntas hemos trabajado para insuflarnos energía mutuamente.

Esa misma noche, Javier dio forma a la reina posponiendo sus trabajos. Tengo muchas cosas que agradecerle, pero la más importante es que siempre me devuelve porciones de vida. Aquel febrero nocturno me regaló un nuevo propósito. Y desde entonces, siempre ha cuidado de nosotras hasta el día de hoy. 

Cuando me dormí, no podía prever las implicaciones que iba a tener todo esto. Siempre me había gustado leer, pero jamás había profundizado tanto en el mundo de los libros. A través del blog, volví a escribir, aunque fuesen reseñas y volví a expresarme. Empecé a conocer a gente magnífica que a día de hoy son mi familia literaria. Comprendí el poder de la amistad, de la unión, de la comunidad. Y, sobre todo, empecé a valorar cualidades en mí que creía ya perdidas, como la creatividad. Hay cualidades que en nuestra cultura se van apagando porque nadie las potencia, o lo que es peor, porque procuran silenciarlas. Siempre he sido una niña muy creativa, pero eso era sinónimo de tener muchos pájaros en la cabeza, una frase preciosa que se usa con connotaciones negativas. Hoy, gracias a la creatividad, mi Reina es diferente y me ha convertido en una profesional. Sí, eso también me ha costado mucho reconocerlo: profesional. Aceptar que eres buena en algo, que puedes formarte (aunque no tenga nada que ver con tu carrera y, de hecho, te aleje a pasos agigantados de ella) y vivir de ello. Y es que confían en mí escritores, editores y profesionales de la industria que, seguramente, me den mil y una vueltas en muchos sentidos. Recibo comentarios preciosos cada día, amor y admiración de personas que respeto profundamente. Asisto a las ruedas de prensa más importantes del país y he conseguido firmas contratos editoriales, convertir en best sellers y ayudar a muchos escritores a conseguir su sueño.



Esta Reina se sube los faldones para caminar junto a vosotros. A veces, como veis, no llega ni mantiene el ritmo que le gustaría tener, pero está siempre a vuestro lado. Suele tener un libro en las manos, y no para de pensar actividades, publicaciones y experiencias para compartir con aquellos que habéis confiado en ella. No es una reina perfecta porque se levanta despeinada, nunca sabe dónde ha puesto las gafas de ver y confunde los nombres de la gente. Pero os quiere con el corazón. Y yo también. Queremos a este lugar, y estamos profundamente agradecidas. 

Por tanto, cómo y por qué abrí este blog: surgió mágicamente porque sólo un acto de fe y amor podría salvarme entonces y enseñarme quién era en realidad.