jueves, 5 de septiembre de 2019

El placer, de María Hesse.

Me acabo de enterar de que las mujeres tenemos «unas cosas» que se llaman glándulas de Skene. Son dos glándulas ramificadas a ambos lados de la vagina, que por lo visto tienen que ver con la eyaculación femenina. ¿Eyaculación femenina? Sí, la mujer también eyacula. Ahora os hago una introducción de reseñista seria, pero es que estoy anonadada. ¿Por qué desconocemos tanto de nuestro cuerpo sexual?


María Hesse (la conocéis, lo sé, pero por si acaso, pincha aquí) dice que Eve Ensler dice, que aquello que no se nombra, no existe. El tabú destruye cosas sanas como los orgasmos. Y hay que empezar a ponernos serios ya con estos temas. María Hesse se ha puesto seria. Y se ha puesto a pintar. Y se ha puesto a escribir. Resultado: El placer.

Leer este libro, aparte de la evidente delicia que supone admirar las ilustraciones de la autora, es un descubrimiento. María habla de ella misma, en primera persona, y de sus primeros acercamientos a esto de la sexualidad y el placer. También habla de otras mujeres que se acercaron a estos temas antes que todas nosotras, y que fueron valientes en épocas en donde ser valiente era una bomba de relojería. María pinta vulvas (coños), pechos, cuerpos desnudos, clítoris e incluso dildos. Todo un abanico de imágenes que no estamos acostumbrados a mirar. Y más de una vez podemos estar tentados a mirar para otro lado, porque aún llevamos la vergüenza, el pudor y la represión muy dentro de nuestro ADN, pero es difícil escapar a los coloridos dibujos de la autora. Miras o miras. 

De El placer se puede extraer mucha información nueva, como por ejemplo, dónde está exactamente nuestro punto G. También se corroboran verdades que nadie dice en voz alta, como que solo un 30% de las mujeres tienen un  orgasmo ocasionado únicamente por la penetración. ¡Incluso te comparte una receta de tortilla de patata! Porque el placer está en todos los sentidos. Pero sobre todo, El placer, es un libro que abre caminos para seguir explorando y explorándonos. Su mayor logro es despertar la llama femenina, esa que se perdió en el camino con Lilith, y encender con esta otras tantas hogueras apagadas de las mujeres de nuestra vida y también de los hombres de nuestra vida. Porque es responsabilidad de todos, y creo que esta es la moraleja final de la obra, aprender y enseñarnos cómo se consigue un placer sano y libre de prejuicios ni moldes.

Preparando la entrevista con la autora
Espero que todos vosotr@s también descubráis, leyendo este libro, qué son las glándulas de Skene. Por cierto, YA es número 1 de los más vendidos en Amazon.

viernes, 30 de agosto de 2019

Los cometas de Miriam, de Miriam Fernández.

Miriam Fernández es cantante, actriz y conferenciante motivacional. A los doce años se proclamó Campeona Nacional de Natación Adaptada y mantuvo el título hasta 2008, año en el que ganó la segunda edición de Tú sí que vales, un programa televisivo de talentos. Miriam tiene un disco en el mercado titulado Bailando bajo la lluvia lleno de canciones que te levantan el ánimo y actualmente está preparando ya su segundo disco. Pertenece a la compañía teatral Blanca Marsillach y ha colaborado con el Centro Dramático Nacional y en series de televisión como Vergüenza o La familia Pérez. Para terminar con un último apunte sobre Miriam, en 2018 fue sido ponente de una charla TED que cuenta ya con casi 1 millón de visitas en Youtube. Flipante, ¿no?


El currículum de Miriam es extraordinario, pero me temo que hoy no va a ser ella la protagonista, sino su libro. Porque sí, Miriam canta, da charlas, actúa e incluso baila (bajo la lluvia), pero también ha escrito un precioso libro. Este libro seguramente va a posicionarse como uno de los mejores libros sobre superación sin rozar el cliché encasillado que tienen los libros de autoayuda, porque si este tipo de género tiene un problema (desde mi punto de vista), es no saber conectar emocionalmente con el público que lo lee. Pecan de técnicos. Nada que ver con Los cometas de Miriam, el libro testimonio de esta pedazo de mujer. 

Los comentas de Miriam no son tips ni consejos sobre la vida, sino que es la propia vida. Estoy en un momento personal en el que parece que los libros que hablan sobre vivir me persiguen, pero por algo será. La autora ha decidido relatar su historia con mucho humor y mucho amor, dos elementos que son capaces de hacerle frente a todo, y más si ese «todo» es cruento. Ella tiene una parálisis cerebral desde nacimiento y eso le ha creado grandes retos. Cuando sufres una enfermedad (y os hablo desde el conocimiento, porque tengo una cardiopatía congénita desde que nací) puedes adoptar dos posturas: derrotista o motivadora. Puedes vivir desde la visión de víctima y encontrarte mil y un obstáculos, o puedes decirte a ti misma que tienes las mismas oportunidades que todo el mundo. Miriam elige esta segunda postura y el libro está lleno de momentos impresionantes de su vida en donde la perseverancia y la fe en su propia capacidad, así como el amor de quienes la rodeaban, posibilitó sus logros.

Miriam usa el humor, pero no abusa del tono Mr. Wonderful. No es un libro donde todo se pinte de color de rosas y te obligue a sonreír todos los días. Es un libro con el que también se derraman lágrimas, porque las luces y las sombras están presentes siempre. Me parece valiente por parte de la autora narrar también los sucesos más duros de su vida. Eso nos acerca a una Miriam de carne y hueso, y corroboramos que compartimos el mismo material de construcción que ella. 

Este libro se termina con una sonrisa en los labios, y para Miriam, una sonrisa puede cambiar el mundo. Este libro ha sido como una conversación con la autora, una conversación amena y llena de luz. Creo que ella quería que este libro desprendiese magia, buen rollo y fuese realista, y lo ha conseguido. Además, se acompaña de preciosas ilustraciones e incluso un juego para adivinar quién es el amor de la vida de Miriam ;) ¡Qué original! 



miércoles, 28 de agosto de 2019

Las cuatro esquinas de mi pasado, de Alaitz Arruti.

Siempre he creído que los libros tienen vida y, arriesgándome a que me toméis por loca, os aseguro que he visto libros que desaparecen para que no los leas en cierto momento y libros que aparecen como por arte de magia para que los leas en ese momento. ¿Cómo llegan hasta allí? O... ¿Cómo desaparecen de ahí? Nunca lo sabremos. Las cuatro esquinas de mi pasado, de Alaitz Arruti, ha estado huyendo de mí estos últimos años. Me reencontré con él una mañana de domingo. Llevaba una semana de vacaciones en casa de mis padres, y la noche del sábado, había estado cazando estrellas fugaces con algunas piezas de, también, mi pasado. Estuvimos hasta tarde mirando el firmamento y el domingo me levanté con más sueño que vida. Así que decidí dar un paseo por mi biblioteca y hacer recuento de libros cuando la novela de Alaitz apareció. Por un momento, me pareció ver que su lomo sobresalía más que el resto, como si ya estuviese preparado para saltar desde la repisa de la estantería. Lo cogí antes de lo que hiciese, claro, porque si algo odio en esta vida, es un libro con el lomo dañado. Lo abrí allí mismo, y no lo volví a cerrar hasta que el día llegó a su fin.

No he podido quitarme de la cabeza, durante toda la lectura, la idea de que la obra parecía escrita por el director de cine Alex Holdridge. Ese tono en primera persona, que se mezcla con la propia vida de la autora, jugando al despiste, y ese recorrido emocional que hace la protagonista, Elena, hacia su pasado, pero desde un permanente presente (el día de su cumpleaños), me ha trasladado a las películas de este director. En concreto, la personalidad de Elena, me conectó de inmediato con Buscando un beso a medianoche, y me llevé una grata sorpresa al descubrir que la tercera esquina del pasado era una historia muy parecida a la que ocurre en esa película (salvando las distancias).

Alaitz mantiene durante toda la obra una especie de prosa poética que ya desde el inicio te empieza a atravesar. Es un relato íntimo en donde pareces tener una conversación directa con la autora. No es una historia de amor, sino de vida, y esto, hablando de amores pasados, es difícil de conseguir. La protagonista del libro nos hace un recorrido por cuatro de sus amores del pasado y nos cuenta cómo estos han influido en su vida... Pero lejos de ser un libro romántico, es un libro en donde el eje sigue siendo ella, Elena, y lo que va cambiando Elena tras el paso de estas relaciones.

Cuando leí el libro, en aquel domingo somnoliento, supe que Alaitz podría conectar casi con cualquier persona porque todos nuestros pasados tienen esquinas. Lo que no sé es si todos hemos gestionado y procesado estas esquinas con el talante con el que lo hace Elena. Por eso, las lecciones que va dejando la protagonista del libro, bien podrían ser lecciones propias. A mí me bastó un solo día para recorrer su pasado y el mío, y deleitarme con la música de las palabras de esta autora.

Como me gusta ser agradecida con los libros que me aportan cosas bonitas, ya he echado el ojo a las otras dos novelas de la autora: La castañera y Siempre, todavía. Y siempre en papel, claro, porque no he parado de subrayar (a lápiz, relax) frases de Las cuatro esquinas de mi pasado.



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