lunes, 18 de febrero de 2019

Mi año de descanso y relajación, de Ottessa Moshfegh.

Sartre, filósofo existencialista, llegó a declarar rotundamente que el hombre es angustia. Angustia porque en nuestras propias decisiones nada ni nadie nos puede ayudar. Angustia por no tener a quién culpar por todo lo que se decida vivir. Y es que los existencialistas eran grandes defensores de la libertad personal, esa que nos permite dotar de rumbo a nuestras propias acciones. Ottessa Moshfegh ha creado un personaje existencialista al estilo de Sartre, un personaje con una gran crisis de angustia que, posiblemente, viene determinado por no tener, precisamente, a nadie a quién culpar de sus propias elecciones. Ni siquiera a ella misma. Y ahora vamos a ver por qué.



Puntuación: ★★★★☆


Definir la novela de Ottessa Moshfegh en unas cuantas palabras es verdaderamente difícil. Es una novela existencialista, contemporánea, narcótica, y antropológica. Es una lectura tan soporífera como un Trankimazin, pero sin una pizca de aburrimiento. Políticamente incorrecta, cutre y rutinaria. Misántropa, pero con muchas habilidades sociales. Todo esto y más es Mi año de descanso y relajación, una alucinante crónica de la Madame Bovary del siglo XXI (sin marido, amantes ni pueblerinos alrededor).

La protagonista de Mi año de descanso y relajación es huérfana y solo tiene una amiga en la vida. También es culta, rica y sofisticada. Tiene carisma incluso cuando va hasta arriba de fármacos. Pero, desde hace tiempo, la existencia le pesa demasiado, por lo que ha tomado una decisión: dormir hasta que se le pase. O dormir hasta que tenga alguna revelación divina. Para ello, se topa con una psiquiatra excéntrica que no tiene reparo ninguno en drogarla con ansiolíticos para superar un supuesto diagnóstico de trastorno del sueño (insomnio de toda la vida), y nuestra protagonista no solo se deja hacer, sino que exagera los síntomas para recibir dosis extra de estos medicamentos. 

Leer una novela en donde la apatía es el núcleo de todo el argumento podría resultar tedioso. De hecho, esta novela, a golpe de repetición, recrea una rutina constante en la que la protagonista solo duerme, ve películas horteras de los 90, baja al colmado a por un par de cafés y recibe somnolienta a su histérica y única amiga, a la cual no presta mucha atención, y por ende, el lector tampoco. Cuando ocurre algo de acción (ya que uno de los medicamentos comienza a tener efectos secundarios, y la protagonista comienza a llevar una vida paralela de la cual luego no recuerda nada), el narrador se lo guarda para sí en vez de darnos carnaza. Así que todo es bastante pausado, y solo median las reflexiones astutas y acertadas (desde mi punto de vista) de la protagonista sobre su forma de ver la vida. Sobra decir que los diálogos son bastante escasos. Ahora bien, creo que este ritmo pausado es ideal para el fantástico retrato que la autora nos está presentando. A través de esta rutina, te pones en la piel de la protagonista, y todo el texto acaba teniendo efectos secundarios también en ti. Parece que quien se ha metido seis pastillas de ansiolíticos para el body eres tú. Y no sé tú, lector, qué opinas, pero a mí me gustan los conjuntos de palabras que son capaces de fusionarme con la historia.


Hay textos que son verdaderos experimentos, y sin menospreciar el objetivo final de la novela, creo que Mi año de descanso y relajación es un libro por placer a la lectura más que por placer a la aventura. Las excentricidades de la protagonista le dan un carisma único que no es capaz de derrumbar ni siquiera su absurda decisión de hibernar hasta haberse renovado y reconectado por completo. Y todo el prospecto farmacológico no consigue mermar ni un ápice el ingenio con el que Moshfegh, a través de su protagonista, critica muchísimos aspectos de la sociedad neoyorkina del cambio de siglo: el valor superficial de las cosas, la resaca decadente de los 90, el arte snob, la psiquiatría moderna, la falta de sentido en el ser humano... Así que las partes me parecen más importantes que el todo, o el desenlace del todo. 

El escenario elegido para desarrollar esta historia es Manhattan. Dijo Pete Campbell: "Si voy a morir, que sea en Manhattan". Puede que nuestra protagonista pensase lo mismo, pero desde luego, el contraste entre una ruidosa y vivaz ciudad como Manhattan con la apatía y aislamiento de una protagonista como la nuestra es magnífico. Porque Moshfegh también ha elegido que su fémina sea un poco misátropa, para darle portazo a Heidegger (otro existencialista) en eso de que "la propia interacción con el entorno es un aspecto nuclear del ser". 

Y en el final se halla el secreto, pues ella, la protagonista, ha sido la metáfora de algo más grande, el preludio de lo que está por venir con el cambio de siglo. Algo alejado a la algarabía que se esperaba y más cercano a un replanteamiento existencial mundial. Sin embargo, el final es la única parte de todo el relato que no me ha gustado. Prefería leer sobre las veces que la protagonista bizqueaba delante de la televisión con las persianas bajadas y restos de comida sobre el pijama, que caer, al final del libro, en un tema ya tan trillado como el de los atentados del 11-S. Me guardo el porqué de esta relación para que el lector pueda descubrirlo por sí mismo, pero a mí me ha parecido una tarta que se queda sin su guinda por culpa de esta desembocadura argumental. 


En definitiva, creo que es una novela de muy buen gusto, con una muy buena selección de elementos y apelando todo el tiempo a un porqué más grande que el propio relato. Una oda existencialista que habla de casi todo. Un bocado que la autora te obliga a saborear a cámara lenta. Si no fuese por el final, tendría mi máxima puntuación.

Y vosotros, ¿qué pensáis sobre esta novela?




martes, 12 de febrero de 2019

En la Calle Mayor, de Virginia Gil.

Ciertas coincidencias me ponen eufórica. A veces juego a pedirle a la vida que me envíe señales y a veces la vida juega conmigo a mandármelas. En esos momentos, siento que hay una comunicación que trasciende los límites de la materia y que cada cosa está en su lugar. En la Calle Mayor, el libro del cual quiero hablaros en esta apacible noche de febrero (justo antes de que el sueño me venza) llegó a mi vida en uno de esos duelos dialécticos que el Universo y yo establecemos. Yo había pedido respuestas, y el Universo me devolvía, cómo no, historias. 



En la Calle Mayor es un libro en el que reside algo de Charles Dickens, pero también de Saint-Exupéry o de Michael Ende. Tiene algo de esas historias que nos llegaron al corazón por su simpleza y por su mensaje. Virginia Gil nos relata, de manera sencilla, la vida de una niña un poco gris, dadas las circunstancias, que reside en una empedrada calle, también gris, dadas, nuevamente, las circunstancias, de una ciudad amurallada. A lo largo de la calle, pintorescos personajes viven en sus rutinas. La anciana rodeada de gatos de la vieja librería, el enano zapatero que cojea al andar, la vecina gritona que todos los ruidos la molestan... Unos personajes que bien podrían haber sido sacados de cualquier cuento de Perrault. Para mí, todo el atrezzo de la novela (el lugar, los personajes, la arquitectura, los comportamientos...) es acogedor. Pero volvamos a la historia, porque la madre de la niña gris encuentra un día un libro que habla sobre los ángeles y sobre cómo estos pueden cambiar la vida de las personas. La madre se lo regala a su niña gris y poco a poco, esta comienza a tener color.

Hay dos frases, dichas por la propia autora, que me parecen muy acertadas con respecto a la novela. Una de ellas, es que este libro es para gente de 10 a 100 años. Y otro, que se trata de una historia de realismo mágico para ser feliz. Antes, durante y después de leer En la calle mayor, eres feliz. Antes, durante y después de leer En la Calle Mayor, eres atemporal (tienes 10 y 100 años a la vez). Virginia Gil te pone en contacto con un tema un poco complejo, que a muchos estoy segura que enfadará (de hecho, ya he leído alguna crítica sobra esta novela que creo que está sostenida en juicios que se tienen hacia el tema): los ángeles. Pero no los ángeles como construcción cristiana, ni metáfora, ni elemento reiterativo de la pintura barroca. Ángeles como fuentes de energía que te escuchan, te hablan y te ayudan en tu día a día. Los mismos ángeles que seguramente lleven este libro a las personas que lo necesitan en el momento más adecuado.

Hay veintisiete capítulos cortos, uno por cada letra del abecedario. Es una historia muy breve, que solo ocupa una tarde de tu vida. Se crea una red de personajes pintorescos, entrañables, sobre la cual se irá formando el puzzle y la moraleja final. Un ángel por aquí, un ángel por allá, y por fin, todo encaja, todo tiene luz. Cualquier puede leerlo, cualquiera puede entenderlo. Hay magia, hogar y fuerza.

Este libro se lleva la máxima puntuación, y lo recomiendo encarecidamente para todos mis lectores. Es tan sencillo que solo debes dejarte llevar. Si deseas abrir tu mente, hay un mensaje esperándote, pero si no quieres abrir tu mente (ya que estás en todo tu derecho), hay un cuento narrado para ti. Camina hacia arriba y hacia abajo por la Calle Mayor, descubre por qué las marionetas de la tienda de marionetas dan la espalda a los viandantes y arruga la nariz con el olor a orín de gato que desprende la librería de libros extraños. Hazte una taza de té, o de chocolate, y observa cómo May vuelve a ser May. Cuando leas la última página, todo estará en orden. Y puede que tu vida también.



Felicidades a la autora. Ya he anotado En el corazón de París (otro de sus libros) para leer próximamente. ¡Gracias!

lunes, 11 de febrero de 2019

Cita a ciegas con un libro ❤

¡Queridos reyes y reinas! ¡Ay! ¡Que se acerca San Valentín ❤! ¿Tenéis ya planazo romántico para este día? ¿No? ¡Decidme que no! Porque yo os quiero proponer algo muy, muy guay...


¡Una cita a ciegas con un libro! ❤ ¿Te imaginas? Tú, él, sus erguidas letras... Todo muy hot, lo sé. Y lo mejor de todo es que ¡nadie se quedará solo! Hay un libro para cada uno de vosotros y ese día, ¡podréis conocerlo! Ni Meetec, ni Tinder, ni Gringer, ni ná de ná. ¡La Reina Lectora es la nueva Celestina! ¿Y cómo podéis acceder a estas citas a ciegas efervescente? 



¡El día 14 recibirás una sorpresa en tu correo electrónico! En él descubrirás quién es tu libro-pareja y tu plan de San Valentín con él 💘💣 ¡No apto para cardíacos! 

¿Quieres jugar? No hay ningún requisito, ni si quiera tienes que ser soltero/a. ¡El amor es libre! Además, tampoco adquirirás ningún compromiso con tu libro-pareja. No tendrás que leerlo, ni subirle a tu casa, ni invitarle a dormir. Solo rellenando el formulario, y haciendo un trabajo de introspección para decirme con cuál de las afirmaciones que te propongo te sientes más identificado/a, Reina Lectora Celestina descubrirá cuál es tu libro perfecto y después todo lo que ocurra será solo responsabilidad tuya. A mí no me debes nada. A él tampoco. 

THE LOVE IS IN THE AIR




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