lunes, 13 de mayo de 2019

Circo. La troupe del bosque marchito, de J. J. Tapia.

¿Qué recuerdos os llegan a la mente cuando leéis la palabra circo? Seguro que parte de esos recuerdos pertenecen a vuestra infancia. Muchos hemos disfrutado de estos coloridos lugares cuando éramos pequeños, y, aunque algunos hacían un mal uso de sus recuerdos (véase maltrato animal), otros conseguían ilusionarnos y hacernos creer en la magia sin poner en riesgo la vida de ningún ser vivo. 

Alrededor del circo hay muchos mitos, muchas historias, mucho misterio. Personajes raros, variopintos, sucesos extraordinarios... ¿Dónde empieza lo real y termina lo ficticio cuando traspasamos las grandes carpas del circo? ¿Dónde está el truco? Denuncias, abusos, pero también logros y éxitos. Parece que en el circo ha ocurrido de todo. Y os aseguro que también en el circo de J. J. Tapia, encontraremos más de una historia por contar.


Anoche terminé la primera novela del autor argentino J. J. Tapia y no quería demorarme en publicar la reseña. A pesar de la extensión del libro (482 páginas), el argumento es tan atractivo que consigue atrapar al lector. Si el circo ya es de por sí mágico, imaginaos si este está habitado por elfos y otros seres que lo usan para esconderse del ojo humano. Circo. La troupe del bosque marchito, es un libro de fantasía, autoconclusivo, que sin embargo, deja abierta la posibilidad de continuar con la historia. Y dejadme que resalte la palabra fantasía, pues me parece el componente más fuerte de toda la historia. 

Todo el argumento gira entorno a la protagonista: Ariadna. Durante unas vacaciones de verano, se reencuentra con su abuelo, el cual regenta un circo desde hace mucho tiempo. Además, es inminente que ella ingrese en dicho circo dados los acontecimientos que va a vivir en su propia piel. El circo tiene cosas raras, y pronto comenzará a descubrirlas. También conocerá el amor en él. A partir de estos momentos, las aventuras se suceden sin resuello, y es así como el autor consigue atrapar al lector: a través de la acción junto y la bella ambientación y personajes que ha creado.

Sin embargo, al maravilloso argumento le falta aún madurez narrativa. Los diálogos son algo infantiles, y el narrador se presenta demasiado frío para mi gusto. En ciertos momentos, la historia parecía estar narrada como una crónica periodística. También algunas transacciones son de resolución fácil. Todo ello lo achaco a que es el primer libro del autor y que no tiene aún experiencia narrativa. En su cabeza se halla una gran historia y estoy segura de que irá puliendo los aspectos más puramente estilísticos con siguientes entregas.

Este mes, el libro se puede encontrar por solo 0'94€ en la plataforma de Amazon. Creo que es una buena oportunidad para adentrarse en una historia colorida, llena de acción y con personajes entrañables. Una historia que muy probablemente continuará. 


Muchas gracias, lector, por leer todas mis publicaciones. Eres tú quien decides qué entradas son las más leídas del mes y cuáles las menos. ¿Te gustaría saber cuál fue la más leída de mayo de 2018? Se titula así:

¡La reina del misterio nos pide audiencia!

Y puedes leerla si pinchas AQUÍ.


Y, ¿cuál fue la publicación menos leída? Se trata de una reseña, de los libros que más me gustaron de 2018, ¿por qué será la menos leída? Aunque a decir verdad, solo le separan 149 seguidores. Aún se puede remontar, ¿no?

Si quieres descubrir de qué libro se trata, pincha AQUÍ.



viernes, 10 de mayo de 2019

El nuevo rostro de la novela histórica.

Los ecos lejanos de una época ya perdida resuenan en mi jardín. Destellos tenues de batallas, de metales que chocan brillantes bajo el sol, evocando una memoria llena de épica y de hazañas, sí, pero que también se encuentra fuertemente impregnada de las vidas corrientes de la gente normal. Esos personajes insólitos cuyo nombre, a menudo, la historia no recuerda, a pesar de que tienen una historia que contar. Es su huella la que va lacerando, lenta pero inexorable, el camino de la historia, y puede que suya no sea la gloria, el loor o la alabanza, pero es la gente más insospechada la que pide paso para escribir su página en el libro de la vida.

Así me lo reclama el rostro de la joven que se ha materializado tras el cristal de mi espejo favorito. Hoy los espíritus me han guiado ante la presencia de esta intrépida escritora que se ha propuesto desempolvar una de las épocas más brumosas de nuestro pasado. ¡Bienvenida, Marta González Peláez!


El doble rostro de Aquis es el debut de Marta en el género de la novela histórica, y nos transporta a una época muy poco visitada, la Hispania visigoda del siglo VII; más concretamente a un pequeño pueblo que, para mí, tiene un significado muy especial. Pero mejor que sea ella la que nos cuente todas estas cosas.



No es tanto una decisión que haya tomado, sino el tema en el que me siento cómoda. Aunque aún esté estudiando (cosa que nunca se acaba de hacer) llevo muchísimos años investigando y aprendiendo de forma extraoficial. En realidad, comencé a escribir la novela y, visto lo mucho que me estaba gustando el tema de la documentación y la investigación, me planteé por fin meterme a estudiar. Hasta ese momento, siempre me había creído eso de que había que estudiar "algo con futuro", pero después de muchos trabajos que no eran para mí, decidí tirarme a la piscina: ahorrar y dejar el trabajo para ponerme a estudiar en serio.


Indiana Jones me gusta, claro. Aunque admito que me gustaba más antes de estudiar, ya que ahora lo veo como un expoliador más que como a un arqueólogo. ¡Ja, ja!

En realidad, creo que uno de los momentos que más me han influido fue cuando estuve un verano entero con mi padre en la ciudad romana de Segóbriga (Saelices). Él hacía el documental para el centro de visitantes, y yo pasaba los días recorriendo a mi libre albedrío aquel sitio y preguntándome muchas cosas. No es que en ese momento tuviera una revelación y supiera a qué quería dedicarme de mayor, pero digamos que fue el primer paso de mi decisión.



Precisamente elegí este periodo por lo desconocido que es. En el colegio solo se mencionan, por encima, a tres reyes visigodos para decir que trajeron el cristianismo a la península y poco más, pero no se sabe nada de la sociedad. De repente somos romanos, de repente visigodos. Me atraía el reto de documentarme y de demostrar que la imagen que tiene la gente de la Edad Media es bastante inexacta por dos razones: la primera porque se alimenta de prejuicios modernos; y la segunda porque la Edad Media española es muy diferente a la del resto de Europa (que es la que solemos ver en las películas).



La diferencia es que yo no escribo sobre personajes famosos, aunque a veces pueda aparecer alguno, cualquier interacción con mis personajes es totalmente inventada. Yo escribo ficción, pero la ambientación sí que intento que sea lo más fidedigna posible. Es decir, me invento una historia que perfectamente pudiera haber ocurrido en esa época. Me interesa la historia de la sociedad más que la historia de los personajes. No es que menosprecie ese otro estilo, pero no es mi campo. Si quisiera escribir sobre personajes reales, no lo haría en formato novela. La novela debe servir, principalmente, para entretener; si se aprende o no algo de ella, debe ser casi sin que el lector de se cuenta. Al menos, esa es mi intención.


La novela histórica podría ser una fuente maravillosa para que la gente aprendiera sobre nuestra historia de una forma divertida. Esto es especialmente útil si hablamos de jóvenes y niños. El problema es que cualquiera puede escribir novela histórica e, independientemente de si alguien ha estudiado la carrera oficial o no, es muy peligroso. Quiero decir que hay mucha gente que utiliza la historia (la que ellos inventan al menos) para defender sus ideales políticos y sociales, otros mezclan historia con leyendas y mitos y lo venden como algo que pasó realmente. Hay muchos bulos y mentiras que los autores no formados escriben como verdades y que la gente se acaba creyendo. Por eso uno debe investigar un poco a quien lee.

Desde luego, si yo fuera profesora de instituto, recomendaría ciertas lecturas a mis estudiantes: buenas, pero ligeras, aptas para su edad.


Me alegra que te hayas dado cuenta. Eres la primera persona que lo relaciona sin que yo se lo diga primero. Efectivamente, Aquis es el nombre visigodo de Talavera de la Reina, así que sí, la historia transcurre en tu ciudad. Queda muy poco en ella de esa época, pero, para quien sepa dónde buscar, aún hay algunas pistas que puede reconocer. En Cixilo, una precuela basada en uno de los personajes secundarios, y que se podrá encontrar en descarga gratuita en mi web, se habla mucho más de la ciudad, ya que es un aspecto importante de la trama.


Como acabo de mencionar, mi segunda historia, Cixilo, habla del pasado de uno de los personajes de El doble rostro de Aquis y explicará algunas cosas del pasado de los protagonistas, que en el primer libro solo se mencionan sin demasiados datos.
Además, actualmente estoy escribiendo una nueva novela que mezcla los géneros de novela negra e histórica. Es decir, una novela policíaca protagonizada por un comisario inquisidor del siglo XVII y por su brillante hermana, que le ayuda en la sombra a resolver los casos. Me apetecía un cambio de época, aunque algún día escribiré la segunda parte de El doble rostro de Aquis.


Si os ha gustado conocer a Marta y queréis haceros con su novela El doble rostro de Aquis, solo tenéis que pinchar sobre el banner que tenéis aquí debajo. Y, por supuesto, no os perdáis nada sobre ella ni sobre sus obras, siguiéndola en sus redes sociales.








lunes, 6 de mayo de 2019

Antes de quitarnos las máscaras, de Arturo San Agustín.

Crecí entre vinos. Mi abuelo regentó una próspera bodega en una pequeña localidad del norte de Extremadura, y todos acabamos con las manos manchadas de caldo púrpura. Por aquel tiempo, yo no sabía apreciar la riqueza del vino. Y no me refiero a la riqueza material, sino al alma de ese jugo. Un alma que era capaz de mantener a la familia unida entre cubas y barriles, arrobas y garrafas. Una familia mantenida por la magia de un líquido que cambiaba de color, de textura, de sabor e incluso de olor según las mezclas que hiciese mi abuelo. La bodega de mi abuelo fue un laboratorio, pero también una escuela en donde aprendí muchos secretos sobre la vida. Y es que el vino es vida, como dice Arturo San Agustín en la novela de la cual hoy vamos a hablar. De lo que hoy me arrepiento es de no haber prestado más atención a todos los pormenores de este ancestral arte, de haber sido demasiado joven para extraer las enseñanzas de aquellas catas de domingo entre viñedos o de ser hoy demasiado vieja para hablar con mi abuelo de aquellos mejunjes afrutados que no terminó de explicarme del todo.

Hay amantes del vino y expertos del vino. Yo soy infancia del vino, y por ello, Antes de quitarnos las máscaras, el debut literario del periodista Arturo San Agustín, ambientado en la antigua abadía de Santa María de Retuerta, me ha devuelto parte de esa infancia.


La abadía de Santa María de Retuerta es un enclave con ochocientos setenta años de historia ubicado en el término municipal de Sardón del Duero (Valladolid) que he tenido el placer de visitar, precisamente, para apreciar los sabores y aromas de su vino. En este lugar, se viene haciendo vino desde hace un cuarto de siglo aproximadamente, y Arturo San Agustín ha rescatado la magia del pasado y el presente de este elixir para escribir una obra literaria difícil de clasificar, argumentalmente hablando. 

La novela es una sátira, una novela de misterio, una pasarela de personajes con doble rostro, un libro de anécdotas y un homenaje a escritores, poetas y personajes ilustres. Pero, ante todo, es un libro sostenido sobre un elemento recurrente durante toda la narración: el vino. Así pues, podríamos decir, en terminología más vinícola, que Antes de quitarnos las máscaras es astringente, armonioso, con carácter, carnoso, firme, y, a veces, incluso, con algún hollejo. 

El tono narrativo del autor me ha parecido áspero, algo desencantado, distante del lector. De ahí que elija la etiqueta astringente para denominar al libro. El vino, también, cuando tiene una alta concentración de taninos, produce en el paladar la sensación de aspereza. En esta novela se habla de muchos temas, como el lujo, y el autor parece narrarlos como si todos ellos ya estuvieran demasiado manidos. Y le doy la razón: están demasiado manoseados por quienes los exaltan y quienes los condenan. Así que esta sensación de narración desencantada me parece adecuada y correcta.

Antes de quitarnos las máscaras es armonioso, porque hay un buen equilibrio entre todos sus componentes. Y tiene carácter, pues, como se podría también decir del vino, al margen de ser bueno, sobresaliente o regular, tiene cualidades definidas y muy características. Este libro solo podría haberlo escrito Arturo San Agustín, y lo digo sin conocerlo de nada. Ahora bien, Google es capaz de presentar a cualquiera. Acabo de aterrizar en un artículo de La Vanguardia, y el autor parece responderme: «Una novela escrita a mi manera», dice en dicha publicación acerca de su propia obra. Así que sí, es una obra con personalidad. La del autor, supongo.

Llegados a este punto, dejadme que os haga un inciso para contaros qué ocurre y qué no ocurre en Antes de quitarnos las máscaras. El protagonista parece ser un periodista que dice ser escritor sobre vinos, que se va encontrando, en la abadía de Santa María de Retuerta, con una serie de personajes con los que mantiene diálogos acerca de distintas cuestiones de la vida. Cada uno de ellos lo llevan a una esfera de reflexión, siempre compartiendo alguna copa de vino, visionando de fondo los viñedos, o aspirando el aroma lejano de la uva clamando una inminente vendimia. Estos personajes tienen su importancia (o bien han conocido el éxito o el lujo, o todo ello), la cual esconden tras una identidad inventada por ellos mismos. El protagonista deja que jueguen con dicha identidad, aunque él sabe muy bien quiénes son cada uno. El sonido del cárabo también persigue al protagonista, presagiando un mal augurio. Pues a pesar del tono conversacional que tiene la novela, no deja de vislumbrarse de fondo cierto misterio inquietante. 

Os decía que el vino, digo la novela, es armoniosa y con carácter. Si seguimos catando sus bondades, también diremos que es carnosa. Antes, en las catas de vinos, se solía decir que se «mascaba la uva» cuando un caldo tenía sustancia, consistencia. Creo que en la novela ocurre igual, pues podemos hincarle el diente. Es firme porque impresiona. A pesar de que en la novela se habla mucho del envejecimiento, Arturo San Agustín ha creado un texto vigoroso, algo que recuerda más a la juventud. Con el tiempo, todo se dulcifica, pero no he visto nada de esta dulzura en una obra que habla del paso del tiempo, de la vejez y de la muerte. Creo que en el libro predomina el vigor de la vida.

Y en esta vida, en este libro, encontramos también algún hollejo (piel delgada que recubre la uva). Verdades que se convierten en pellejos que no esperabas tragar, pero lo lees y los tragas, aunque tú creías que el vino estaría filtrado. 


No he dicho realmente nada de la novela, porque tiene mucho más jugo. Algún personaje de la misma podría tacharme de intelectual vacua, o de crítica charlatana, porque, en verdad, lo que inspira cualquier libro se podría resolver en una frase: una frase que diga lo que la lectura ha supuesto para ti, sin recurrir a tecnicismos o análisis profundos. Algo así como: 

«Tienes que leer esto, porque hablan y beben vino, como haría el abuelo si volviese a Santa María de Retuerta». 

Así que podéis leer toda mi reseña, o quedaros con esta última frase.

Me abstengo de hablar sobre el final, porque me ha mantenido obsesionada con encontrarle un significado correcto, y al final me he rendido. Si algo se disfruta, no dejemos que la lógica lo destroce.

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