lunes, 19 de noviembre de 2018

Consejos legales para escritores.


¡Bienvenidos a Muy, muy lejanos! ¡El lugar donde se alcanzan los sueños! 

¿Sabéis que este sábado se celebró en Madrid la MOLPEcon? Esta convención ha sido organizada por Ana González Duque, una escritora de obras de ficción y no ficción que os recomiendo encarecidamente. Fue un evento de marketing online para escritores que reunió a ponentes como Gabriella Campbell (escritora de ciencia ficción y fantasía oscura), Alberto Marcos (editor en Plaza y Janés) o Jaume Vicent (copywritter). Yo no pude estar, y quizás muchos de vosotros tampoco, por eso doy saltitos de alegría porque hoy tenemos en el blog a uno de los ponentes de este evento para tratar con nosotros el mismo tema que trató en dicha convención: Legalidad para escritores


Os presento a J. C. Sánchez, escritor de novela contemporánea, y especializado en temas legales dentro de la literatura. Pero por encima de todo, persona muy generosa, siempre dispuesta a transmitir el conocimiento y a ayudar a unos y a otros. Y es que, para él, el conocimiento es un derecho por encima de todo.



"Hay una cosa que considero fundamental, no solo en derecho, sino en la vida. Esta no es otra que el conocimiento. Algo que está, hoy en día, al alcance de todos a golpe de click o también en las bibliotecas. Y, ¿por qué digo esto?  Pues porque una forma muy eficaz de evitar que te engañen es conocer aquello de lo que tratas. O si no, dejarte asesorar por alguien de confianza que conozca la materia que vas a tratar." J. C. Sánchez.

¿Por qué es importante hablar de legalidad para escritores? Personalmente, como agente literario, estoy de acuerdo con J.C. en que el poder y/o control sobre algo, solo se tiene cuando se conoce ese algo. No sabéis la cantidad de escritores desesperados que han llegado hasta mí porque firmaron contratos con cláusulas abusivas cuyo significado y consecuencias desconocían. ¿No sería interesante, por tanto, dedicar un par de horas de nuestras vidas a documentarnos sobre esto? O, si no se dispone de este tiempo, ¿contratar a un profesional antes de lanzarse a la piscina?
"Con el derecho pasa que la gran mayoría de las personas piensan que sabe defenderse. Pero lo cierto es que, llegado el momento de la verdad, nos la dan con queso." J. C. Sánchez.

J.C. nos ha pasado una lista de ejemplos sobre derecho en los cuales, podemos tener la seguridad de que vamos a saber desenvolvernos, pero a la hora de la verdad, pegamos el patinazo. Porque, queridos escritores, igual que hay que saber distinguir entre lo legal e ilegal, también hay que diferenciar entre lo legal y lo abusivo. J.C. nos habla de estas situaciones:

Si tecleamos la palabra "abuso" dentro del diccionario de la RAE, nos encontramos con las siguientes definiciones:


Menos el abuso sexual, y hay que andarse con ojo, podemos sufrir cualquiera de ellos dentro del ámbito literario. Por eso me gustaría daros un ejemplo más concreto de alguno de los tips que ha dejado J. C. en la lista. ¿Cuál puede ser una cláusula contractual abusiva, pero totalmente legal? Cuando la editorial nos dice que correrá con todos los gastos de edición, pero que el autor debe comprometerse a vender tantos ejemplares durante la presentación del libro. ¿Es legal? Sí. Pero es abusivo. Porque entonces, básicamente, nos estamos comprometiendo nosotros a financiar el libro tras su edición. 

¿Nos vais pillando? 

En otro orden de cosas, luego también hay mucho desconocimiento acerca de cosas tan sencillas como conocer cuál es la forma correcta de usar una cita extraída de un libro. ¿Sabéis que la Ley de Propiedad Intelectual obliga que se indique siempre la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada? Y de hecho, si el libro del cual procede la cita forma parte de una colección, hay que incluir el número y volumen de fascículo. Ahora bien, decidme quién pone correctamente todos estos datos, por favor. Aunque tampoco os asustéis, porque estas citas tienen sus propias peculiaridades, y dependiendo de dónde y cómo se use, habrá que poner más o menos información, pero solo queremos, en este artículo, alertaros de la necesidad de informaros acerca del trabajo que realizáis, o bien, de contar siempre con un profesional a vuestro lado.

Pero prosigamos. Le he lanzado la siguiente pregunta a J.C., la cual dice que se la hacen a menudo: 

"Aquí me pongo profundo (y vacilón también) y siempre respondo:  “El derecho a la vida, ¿no?” Pero como se refiere a derechos de escritores, creo que trataría de centrarme en dos cuestiones primordiales:
1.      Propiedad intelectual en su doble vertiente:
  • Personal. Se es autor por el mero hecho de escribir una obra.
  • Patrimonial. Derecho de autor. Explotación económica de una obra.
Aquí hablaríamos de Registros de la Propiedad Intelectual u otro tipo de acciones para poder demostrar la autoría en caso de conflicto con un tercero.
      2.   Contrato de edición. ¿Qué cosas se pueden poner en un contrato? ¿Cuáles se deben poner de manera obligatoria? ¿A qué cosas no sería recomendable que te obligaras? ¿Qué intentaría yo que quedase recogido en ese contrato sí o sí?"

En mis funciones de agente literario, sobre todo, medio en la segunda parte: el contrato de edición. Me encargo de que todo lo que recoja el contrato beneficie, o al menos, no perjudique al escritor. A día de hoy, aún no he visto un contrato perfecto que recoja todo lo que sería conveniente recoger, pero al menos, a través de una negociación realista (es decir, donde sabemos que el editor obviamente también debe beneficiarse), se puede conseguir un contrato digno. No temáis nunca a la negociación, pues el escritor, en el momento en que tiene un editor interesado en su obra, se coloca al mismo nivel que dicho editor y la relación que se puede establecer siempre es de iguales. Un escritor puede negociar sus cláusulas sin miedo a que el editor vaya a rechazar su propuesta. Si lo rechaza cuando activas el modo negociador, es porque entonces te quería tender alguna trampa, así que alégrate de que la relación termine. Pero realmente, los editores suelen acceder a negociar y a escuchar tu punto de vista, así que ¡perdamos el miedo a opinar acerca del contrato vinculante de tu obra!

Vamos a lanzarle otra pregunta a J. C.: En proceso de edición, ¿cuándo empezamos a encontrarnos con los temas legales?

"Diría que desde que envías por correo electrónico o en papel (para los puristas), un manuscrito a la editorial.  ¿Por qué?  Porque lo lógico (y ya sé que esto no siempre coincide con lo que hacemos) es que antes de hacerlo hayas registrado tu obra. ¿Para qué?  Pues para concederle una cierta protección a tus derechos como autor. Aunque, no te engañes, si alguien quiere plagiarte, robarte una idea y publicarla como propia, piratear y vender o distribuir gratuitamente tu novela, lo hará. Y a ti solo te quedará la opción de defenderte en los tribunales o de llorar amargamente tu mala suerte."
 A continuación, me pongo en manos de J. C. Sánchez para continuar con el artículo. Sirva este blog como vehículo para transmitir sus sabias palabras...

Por J. C. Sánchez:

Estas consideraciones nos llevan a recapacitar sobre si somos las personas adecuadas o no para gestionar y defender nuestros derechos.  Me gustaría para ello contarte mi experiencia personal.  

Comencé mi camino por el desierto que es a veces este mundo en el año 2001.  Entonces, solo tenía claro que me encantaba escribir y que quería compartirlo con el mayor número de personas posible. Por supuesto, ni idea de por dónde empezar, qué puerta tocar, qué editoriales eran las adecuadas y qué era eso de un agente editorial. Ni papa de nada… ni redes sociales.

Rebuscando, llamando, mirando en bibliotecas, revistas especializadas y una medio incipiente herramienta, para mí, llamada internet, di con una editorial sin saber de qué tipo. Omitiré su nombre porque no es caso ahora, pues ya desapareció, pero le mandé una carta con un manuscrito de poemas, escritos en mi máquina de escribir eléctrica y recibí un informe de lectura, por correo postal, que recomendaba la publicación del poemario. Aún conservo la carta, pero la descarté porque junto con el informe, enviaban un presupuesto que debía satisfacer para poder ser publicado. 

Meses después se pusieron en contacto conmigo por carta desde otra editorial diferente con una propuesta para publicar mi obra. Todo fantástico y maravilloso. Llamadas de teléfono, palabras halagadoras, propuestas de presentaciones, portadas chulas, presencia en medios de comunicación…parecía que mi carrera como escritor no había hecho más que despegar rumbo hacia las estrellas más rutilantes. 

La realidad se demostró tozuda, como es ni más ni menos, y al poco tiempo me pasaron una factura por un importe, algo inferior al que había realizado la primera editorial, que debía abonar y retirar a la mayor brevedad las cajas de libros que debía almacenar en mi casa. Si no hubiera sido por la ayuda de mi pobre madre, no sé cómo habría pagado aquello.

Después de esta experiencia, harto dolorosa pero muy instructiva, he tenido otras muy positivas. Una de ellas fue la de publicar con Aguilar el Codex Templi. O formar parte de las distintas antologías de las que he participado. Una de ellas nominada actualmente a los premios Amaltea.  También es positiva la decisión de colaborar con Eva Fraile como mi “ángel de la guarda” y agente literaria (¡ey! ¡Aquí salgo yo!). Pero como decía al principio, la información y el conocimiento es poder. Hay mucho desalmado en este mundo que quiere aprovecharse de las ilusiones ajenas. 

¿Consejo?  ¿Quién soy yo para dar consejos?  Aún así. Rodéate de buenos profesionales, gente seria, que quiera y pueda ayudarte. Págales a ellos y haz un buen producto.  Jamás, jamás, pagues por publicar. Y tampoco firmes algo sin saber qué es aquello que firmas.

Disfruta de las letras. 

Creo que hemos conseguido el objetivo de este artículo: hacerte reflexionar acerca del conocimiento que tienes sobre el mundo literario en general, y sobre la legalidad de tus obras, en particular. Hay  mucho que desglosar en este post, y te pido que me dejes en comentarios qué te gustaría que comentásemos más en profundidad, pues desde mi posición de agente literario, intentaré resolverlo en una futura publicación, pero también me gustaría saber que tras esta lectura, tienes ganas de investigar y documentarte sobre derechos de autor, contratos dignos y valor real que tiene el hecho de haber escrito un libro, así como consecuencias de ello. ¿Consecuencias? Las hay... Si quieres dedicarte a escribir de por vida y lo consigues, ¿sabes que al llegar a la jubilación tendrás que elegir entre cobrar una pensión o cobrar los derechos de autor? ¡Indaga! ¡Aprende! ¡Y decide con poder!


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viernes, 16 de noviembre de 2018

Un viaje fascinante, de la mano de Leo Mazzola.

Hoy me he levantado azorada, salté prácticamente de la cama, y fui corriendo a través del jardín, porque tenía un presentimiento. He pasado la noche soñando con grandes edificios triangulares, que se alzan hacia el cielo entre la niebla espesa. Una figura humana, cuya silueta solo puedo intuir, me habla del poder de los sueños, de la necesidad de escucharlos y conocer su significado, pero yo sé que, como la mayoría de los mortales, habré olvidado casi todo al despertar. 

Afortunadamente, conozco bien el lugar al que debo dirigirme cuando uno de estos pálpitos me asalta. Los pequeños reflejos, lejos de evaporarse con la luz del sol, me guían por salones y pasadizos, hasta mi lugar favorito del palacio: La Sala de los EspejosSabía bien que algo nuevo estaba reclamando mi atención desde allí, y un pequeño destello blanco y dorado confirmó mis sospechas. Un rostro de mirada amable, y sonrisa pícara, me contemplaba desde el otro lado del espejo. Un día os contaré la historia de este mágico cristal, por ahora baste decir que aquello que en él se refleja, requiere de toda mi atención.

Por eso, cuando recordé las pirámides, los sueños, las nieblas y el misterio, me alegré de comprobar que el causante era un viejo conocido. Sonreí y di la bienvenida a mi nuevo huésped, Leo Mazzola.


Leo Mazzola acaba de publicar Sueños de Luna, su cuarta novela. Un thriller romántico que, además, como es habitual en sus obras, nos propone un viaje único y fascinante. Dejemos que sean sus propias palabras las que nos expliquen mejor todas estas cuestiones.




Cada novela siempre es un reto respecto a la anterior. En Atrapada en Venecia, ya emprendí el camino de añadir el misterio y la intriga a la novela romántica convencional. En Sueños de Luna he querido dar un paso más y combinar el thriller con el romanticismo, aunque con un mayor protagonismo de este último. 



Escribo sobre aquello que me atrae, que me seduce, y pienso, no sé si acertadamente, que eso mismo también les interesa a mis lectores.

A mí me encanta viajar, y además, cuando leo una novela, agradezco que me transporten a otros lugares, y que me aporten conocimiento, sabiduría, además de transmitirme los sentimientos de los personajes y las emociones de la trama.

Efectivamente, estoy fascinado por Venecia y por Egipto, y, por ello, han sido el escenario principal de dos de mis novelas. Y puedo decirte, además, que toda la exhaustiva documentación que se aporta en ellas, ha sido recogida in situ, conociendo a fondo dichos lugares.




Quizá pueda parecer algo engreído, pero lo cierto es que no me inspira ninguno, es decir, no tengo a ninguno como referencia. Todo aquello que he leído habrá dejado su huella en mí, y de todos habré aprendido. 

Mis lecturas son de géneros muy variados. Me gusta mucho la novela histórica, la ciencia ficción, la novela negra…, y, en todas esas novelas, agradezco que el romanticismo esté presente, y que las emociones y los sentimientos fluyan entre los personajes.



Sinceramente, no sé qué más podría hacer para que los hombres leyeran romántica. Mis dos primeras novelas forman una bilogía cuyo título es Amores Prohibidos. Diario de un hombre. Siempre pensé que, por su argumento, por ser un personaje masculino el indiscutible protagonista de las novelas, además de otros seis femeninos, por tratarse de una temática con bastante contenido erótico y narrado de forma muy explícita, donde además están presentes temas como la infidelidad, las relaciones a través de internet, el cibersexo, el mundo swinger… Una bilogía donde el romanticismo más idílico y platónico se armoniza con la lujuria más lasciva…

Pues nada, quienes me leyeron fueron mujeres. De hecho, me consta que varias de ellas insistieron a sus respectivos maridos o parejas en que debían leerla (por algún motivo que no llegaron a confesarme). Ningún lector masculino se ha puesto en contacto conmigo para comentar algún aspecto de esas novelas, todo lo contrario que ellas.



Sin lugar a dudas, Alejandro, el protagonista de Amores Prohibidos. Diario de un hombre. Es mi alter ego. Muchas de mis lectoras han llegado a pensar que se trata de unas novelas autobiográficas. Reconozco mi complicidad en esa percepción, ya que Alejandro es un personaje de mi misma generación, arquitecto de profesión, divorciado, con dos hijos varones…, todo ello coincidente conmigo. Pero solo se trata de un juego que he provocado en el lector incitándole a preguntarse qué parte de aquello que está leyendo es real y cuál es ficción, dado que no oculto que la bilogía se alimenta de vivencias y experiencias personales.



Cuando publico una novela, suelo tomarme un tiempo antes de imaginar tan siquiera un nuevo proyecto. Me implico tanto en la trama y en los personajes, cuando escribo, que me resulta imprescindible dejar pasar unos meses antes de embarcarme nuevamente en otra historia. 
Es algo así como el período de duelo posterior a una dolorosa ruptura sentimental, necesario, en todo caso, para cicatrizar las heridas y prepararse para afrontar la posibilidad de un nuevo amor.

Precisamente este tema surgió hace unos días en la primera presentación de Sueños de Luna. Un escritor que estaba presente entendía que hubiera un pequeño período de «reflexión» (como él lo llamaba) antes de comenzar una nueva novela, pero para idear un nuevo argumento y planificar su trama. Según comentaba, él ya estaba pensando en la novela siguiente antes incluso de terminar la que estaba escribiendo en esos momentos.

Me gustaría que fuera así, acortaría los tiempos para publicar nuevas novelas, pero me resulta imposible. Soy como un actor de teatro que interpreta a todos y cada uno de los personajes de su novela, y lo hago sumergiéndome totalmente en su papel, como si lo estuviera experimentando en mi propia piel. Sé que te resultará difícil de creer, Eva, pero hay una escena en esta novela en la que Héctor, uno de los personajes masculinos, derrama, sin darse cuenta, una lágrima que cae sobre su taza de café, mientras está intentando convencer a su expareja, Alba, para que vuelva con él. Es una escena muy tensa y emotiva, que sucede en una cafetería, sentados ambos alrededor de una mesa.
En realidad, no imaginé ese suceso. Mientras estaba escribiendo la conversación entre ambos, era tanto el dolor que sentía interpretando a Héctor, que, sin querer, una lágrima brotó de mis ojos y cayó sobre el teclado del ordenador. Pensé que si me sucedió a mí, bien le podría haber pasado a él, así que lo incorporé en la novela como te he relatado.

De ahí esa necesidad de recuperación emocional después de terminar de escribir una novela. Aún tengo muy presente todo lo experimentado por cada personaje, y necesito una «terapia de desintoxicación», por llamarlo de alguna forma, para poder concebir e ilusionarme nuevamente con otra historia y nuevos personajes.


¿Os ha gustado conocer mejor a Leo Mazzola? Si os ha parecido interesante y queréis conseguir su última obra, Sueños de Luna, podéis hacerlo pinchando en la imagen bajo estas líneas. También podéis seguirlo en sus redes sociales, para no perderos nada sobre su trabajo y sobre sus próximos proyectos.







miércoles, 7 de noviembre de 2018

Lluvia de reseñas #1

¡Queridos seguidores! ¡Hay tormenta en el Reino! ¡Abran sus  paraguas! Se avecina una lluvia de reseñas, y es en que de vez en cuando, de tantos libros que tenemos en las estanterías y de tantos libros que leemos al mes, se nos acumulan las reseñas. Y como deseo que todas las historias tengan su cabida aquí, en mi Corte, el clima termina por producir estos fenómenos atmosféricos para resolver mi situación. ¿Os habéis puesto el chubasquero ya? ¡Vamos a por ello!





Como estas tormentas son fenómenos un poco extraños... Abre la tanda un libro también extraño: Reflejo oscuro, de Carme Jiménez. Es extraño sobre todo porque nos habla de un mundo oculto e invisible a nuestros ojos que sin embargo, siempre está latente: el más allá. Os presento el relato breve de Carme Jiménez, un libro de terror y misterio para leer en una tarde de otoño, entre las sábanas y con las persianas a medio bajar. Una novela breve que me ha gustado bastante a pesar de que los acontecimientos se precipitasen uno tras otro (era intención de la autora que esto fuera así) y de tener la sensación de que este libro tendría que haber sido más largo. La escritora juega con elementos de nuestro presente, pero también con culturas remotas y objetos malditos, mezclando pesadillas con locura, y locura con terror. Se nota, desde luego, la mano hábil de Carme a la hora de tratar estos temas, pues lleva investigándolos muchos años. 






El siguiente libro es Qué le ocurrió a Irene Luján, de Marisol Gallardo, un libro al que tengo mucho cariño porque he sido su correctora de estilo, pero al que sin embargo, no le puedo dar la máxima puntuación. Quienes me conocéis sabéis que soy muy exigente con la literatura, y aunque esta novela tiene mucha proyección para ser el primer libro de misterio de la escritora, aún está blandito, aún le falta madurar algunos aspectos. Qué le ocurrió a Irene Luján nos presenta una trama en dos partes, una primera en la cual el componente espectral está más presente (espíritus y terror - light -), y una segunda que se convierte en una novela policiaca (el misterio principal está resuelto y ahora hay que encontrar a los culpables). Quienes leen la historia coinciden en que el libro engancha, y es algo que a mí también me ocurrió, sin embargo, aún habría que trabajar los diálogos, la ambientación y también, los plot twist. Detalles que se van adquiriendo con el tiempo y con la práctica en la carrera de un escritor, por lo que no le resta valor a la novela. Recomiendo este libro a quienes les guste pasar un buen rato resolviendo misterios con ambiente fantasmal sin padecer demasiado (por culpa de los sustos). Se lee rápido, se lee fácil y entretiene.





Y ahora llega El señor Gro y la hija de la viuda Stern, un libro imprescindible. Un libro que se lleva mi máxima puntuación. Esta novela breve, escrita por Javier Ramos, es una especie de cuento surrealista que se codea con grandes obras como El Principito. Una suerte de relato para amantes de la literatura pura. Un revolcón de letras, qué sé yo. Me cuesta bastante hacer de crítica literaria y usar términos correctos y técnicos. Es un libro que huele a manteca y a cera. ¿Qué voy a decir de un libro que tiene un olor así? Javier Ramos despierta nuestros sentidos, y nuestras emociones. No es un libro cómodo, debéis saberlo. El léxico es complejo, se construye a partir de metáforas que se hilan con otras metáforas y todo ello es una sensación, un todo formado por partes algo desabridas. Lo sabrá apreciar sobre todo un lector paciente, amante del cómo se dice, versado en las letras, añejo, perspicaz  y acostumbrado a leer para vivir.

Foto realizada por La Reina Lectora


Y llego al final desconcertada, porque no me puedo creer que no os haya hablado antes de esta novela. Arai no es nombre de perro es un libro de Fernando Sánchez Ballesteros, y lo disfruté hace ya bastantes meses. Comparte mucho con el libro de Javier Ramos porque también es una pequeña obra literaria que se recrea en los detalles, en las imágenes, en las sensaciones, en las emociones, y en el propio relato. Una cotidianidad de hechos, que van arrastrando a la trama. No es la trama la que impulsa el relato, sino los pequeños detalles del relato (como la bonita forma de escribir de Fernando y las escenas simples, sencillas, de un día cualquiera) los que dan paso a la trama. No tiene un argumento ágil, y no lo necesita. Aun guardo con cariño este libro, y no le doy la máxima puntuación porque para mí el final complica un poco la valoración. Hubiese necesitado detectar algún guiño antes de ese final durante la trama, para no sentirme tan en discordia con él. 

Arai no es nombre de perro nos dice que todos recibimos, a lo largo de nuestra vida, una serie de palabras que nos marcan para siempre. A veces llegan de forma ordenada (tres letras, cuatro letras, cinco letras...), y otras lo hacen sin orden ni concierto. Cuando supe esto, me lancé al libro. Incluso creé mi propia lista de palabras, junto con muchos lectores que me acompañaron. Con Arai, el protagonista, visitas ciudades, intentas sanar el pasado y tienes recuerdos melancólicos. Te recomiendo este libro, lector, si no tienes prisa por terminar el argumento y te apetece sentir profundas emociones.



Parece que la lluvia amaina, y es hora de volver al castillo. Espero que os hayan gustado estas recomendaciones literarias, y que me contéis en comentarios qué pensáis de cada una de ellas. He escrito estas valoraciones con mucho cariño y mucho agradecimiento, por todo lo que cada uno de estos libros han aportado en mí. Independientemente de que tengan más o menos estrellitas, todos me han marcado de alguna forma, y todos son especiales.

¿Cuál de estos libros ha captado tu atención?

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