Conocí a Margarita una soleada mañana en Madrid. Yo venía arrastrando estrés desde primera hora del día porque había viajado para cubrir la rueda de prensa de Arturo Pérez Reverte y, sin apenas tiempo intermedio, concerté también una cita con ella. Lo cierto es que, en cuanto me senté en aquella terraza cerca de Atocha y comencé a hablar con Margarita, todos los males se disiparon. Hablar con ella no solo es confortable sino que también es revitalizante porque desprende una luz especial y, en este artículo, intentaré compartir con todos voso…
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