Los ecos lejanos de una época ya perdida resuenan en mi jardín. Destellos tenues de batallas, de metales que chocan brillantes bajo el sol, evocando una memoria llena de épica y de hazañas , sí, pero que también se encuentra fuertemente impregnada de las vidas corrientes de la gente normal. Esos personajes insólitos cuyo nombre, a menudo, la historia no recuerda, a pesar de que tienen una historia que contar. Es su huella la que va lacerando, lenta pero inexorable, el camino de la historia, y puede que suya no sea la gloria, el loor o la alab…
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