Aristóteles decía que en el punto medio se encuentra la virtud. Y su maestro, Platón, habló de una serie de virtudes cardinales que el ser humano debía desarrollar si quisiese alcanzar la pureza del alma. Esto inspiró a Rolly Haatch para crear una trilogía con carisma, centrada en las vicisitudes de una serie de personajes y amenizada con el trasfondo filosófico de la teoría de Platón. 


Tenía pendiente a Rolly desde que comencé mi andadura con la web literaria. Fue una autora de referencia en la autopublicación y no sólo está cosechando muy buenas críticas con sus libros, sino que su ingenio y su siempre deseo de mejorar, también está haciendo que su marca de autora sea cada vez más reconocida. 

Lo primero que supuse es que este libro no tenía un argumento, sino que más bien era una sucesión de acontecimientos que le iban ocurriendo a los personajes. Los personajes, por tanto, son el motor de esta novela. Y por ello, analizar Amor y Virtud es al fin y al cabo, hablar de los personajes que la componen. Estos están muy bien construidos porque cada uno de ellos tiene algún atributo que lo representa y diferencia del resto. Y además, Rolly ha jugado con las virtudes cardinales de Platón para asignar una a cada protagonista, por lo que sin hablar de filosofía, estamos entendiendo de alguna manera esta teoría filosófica. Con respecto a esto último, me parece sumamente original, porque no sólo se recrea una obra distinta con el toque personal-metafórico de la autora, sino también todo un estilo propio para la trilogía al completo.

Sin embargo, he encontrado más peros que pros en la lectura. Tengo la sensación de que el verdadero protagonista de este libro es Jake, un personaje conflictivo que constantemente se está metiendo en líos. Y por ende, la débil trama se impulsa a través de los problemas que va teniendo Jake, los cuales parecen no acabar nunca. Me he visto inmersa en un bucle repetitivo que a veces empeoraba porque Jake y su nula capacidad para mantenerse al margen de los follones, tenía que cuidar de Arabia y Zane, la mejor amiga de su hermana y su hermana respectivamente. Entonces, se mezclaba la visión del chico conflictivo con la de las niñas inocentes que no saben cuidarse solas y para recrear esto, la autora echa mano de un par de situaciones festivas en discotecas o similares, también muy parecidas entre sí, que terminan dramáticamente. Es como si salir de fiesta fuese un peligro continúo, y a pesar de que el libro se desarrolla en otra época y localización geográfica, me ha parecido un poco excesivo. Pero esto es subjetivo y soy totalmente consciente de ello. Así pues, del párrafo aquí expuesto quedaros únicamente con que he tenido cierta sensación de bucle durante la lectura porque las situaciones se repetían entre sí.

Por otro lado, me ha faltado el drama en otros pasajes donde sí era más necesario. El único gran giro, llegando al final, se solventa en un par de páginas y no tenemos tiempo para profundizar en los personajes y en lo que sienten. Creo que hubiese sido un gran momento para conocer y conectar más con ellos. El argumento, como ya he comentado, es flojito en pro a la red de personajes, por lo que estos momentos de tensión o sorpresa están muy bien para meter un chute de adrenalina al lector si se refleja también en los personajes. 

Como veis en el título, la virtud está muy presente, pero también el amor. El amor a la familia, a los amigos, e incluso, en un último guiño final, a la vida. No es un libro de carnaza en cuanto a relaciones sexuales o sentimentales, pero el interrogante "amor", en general, es una de las cosas que te mantiene pegado a las páginas. "¿Acabarán juntos "x" con "y"?", Es una pregunta que se puede hacer en muchos momentos y también, sobre muchos personajes. Y esto siempre impulsa hacia delante. Creo que Rolly sí que ha tenido buenas ideas a la hora de cruzar los hilos entre ellos y que va a sorprender en los siguientes libros.


El final deja la puerta abierta para el segundo libro, y es un buen gancho, pero también desilusiona al darte cuenta de que lo leído hasta ese momento ha sido más bien introductorio. Te ha colocado las piezas en el tablero y te ha enseñado algunas jugadas, pero no la estrategia completa. Si quieres saber más, debes seguir leyendo. Así que lector, estoy segura de que a pesar de las cosas negativas (si es que las hubiese para ti), continuarás con esta trilogía.

Por último, quiero resaltar la forma de escribir de Rolly. Para ser su primer libro, escribe de maravilla. Los diálogos son maduros, tiene claro el mensaje que quiere transmitir y usa un estilo narrativo limpio. 

En general, no ha sido un libro que me haya entusiasmado, sobre todo por los aspectos subjetivos (mi forma de valorar ciertas situaciones, de conectar con la personalidad de algunos personajes y mi tendencia a preferir las obras de acción versus las historias de vidas ficticias). Sin embargo, sé lo difícil que es tejer este tipo de novelas. Cada personaje tiene su propio hilo argumental y se va a cruzar mil veces con la de otros. Y cuando una obra se debe a sus personajes, estos se vuelven muchas veces caprichosos y obligan al autor/a a tirar por ciertos caminos que no estaban previstos de antemano. Rolly ha procurado que aunque sus personajes tomen también sus propias decisiones, al margen de ella, esto quede en forma de historia coherente y atractiva. Porque lejos de mi opinión, sé reconocer el atractivo de una obra para otros muchos lectores, y la de Rolly lo es.