jueves, 19 de marzo de 2020

«Un acto reflejo», un whodunit de Ana Gomila.

Se ha escuchado un disparo en medio del valle. Varios hombres y mujeres portan sus armas debido a la cacería que el candidato conservador Ginzburg, propietario de la villa, ha organizado. Ninguno de ellos sabe qué ha ocurrido, pero hay un muerto en el suelo, como en las novelas de Agatha Christie, y sesenta y tres páginas para averiguar si matar es algo más que un acto reflejo.

Whodunit

UN WHODUNIT BREVE Y NEOCLÁSICO


Lo primero que podemos preguntarnos en la novela de Ana Gomila, Un acto relejo, es si se puede resolver un whodunit en tan pocas páginas. El término hace referencia a un subgénero de las novelas policiacas que yo denominaría mejor como «novelas de un solo disparo», en todo los sentidos. Esto define a la perfección la obra de Ana Gomila. Hay una única bala a quemarropa sobre la víctima y también una línea muy clara de investigación, lo cual hace que la novela sea muy confortable.

El comisario jefe Giuseppe Caravaggio, cuyo apellido ya nos traslada directamente a un entorno artístico que bien podría ser toda la recreación que Ana Gomila despliega en las páginas de esta breve novela, se hará cargo de la investigación que acontece en medio de un verde valle y de una villa con un palacete de estilo neoclásico. Las características arquitectónicas del estilo neoclásico bien podrían aplicarse directamente a la obra que nos ocupa. Pues la obra de Ana se inspira en las clásicas novelas policiacas, presta mucha atención a la pureza de la composición literaria, gusta de lo simple, cuida de los detalles y las descripciones, y no suena rimbombante en ningún momento, a pesar de que hay pequeñas píldoras de cultura a lo largo del texto (guiños que todo buen neoclásico dejaría).

UNA CACERÍA COMO EN GOSFORD PARK


Ana Gomila ha sido muy inteligente al elegir una cacería como escenario del crimen porque todo buen whodunit requiere un elenco coral de personajes, y cuánto mejor si todos ellos portan armas. Gosford park es una película del director de Nashville, Robert Altman, en donde un matrimonio adinerado invita a sus seres queridos a pasar una jornada de cacería con ellos. Aunque aquí el asesinato se produce dentro de la casa y Ana, sin embargo, ha preferido no manchar la masía de Herford, el libro me ha recordado brevemente a la película. Más de un personaje parece tener razones para asesinar a la víctima, todos pertenecen a la alta sociedad y todos podrían pasar por el interrogatorio del comisario Caravaggio, pero el pintoresco investigador no quiere gastar muchas balas.

UN PINTORESCO INVESTIGADOR Y SU QUERIDO WATSON


El peso de la novela recae sobre Giuseppe Caravaggio, un pintoresco investigador. La construcción de este personaje es fabulosa, y sabemos que la autora ha querido trabajarlo a fondo porque le dedica varias páginas iniciales para profundizar en su pasado. Ana Gomila no quiere que lleguemos al escenario del crimen sin antes conocer al comisario y, aunque arriesgado, acierta completamente. 

El comisario Caravaggio tiene mucha personalidad y mucha perspicacia. Además, denota cultura en los comentarios que realiza, lo cual nos recuerda al grandísimo detective inglés de finales del siglo XIX: Sherlock Holmes. Caravaggio también tiene a su propio Watson, un joven que no parece muy hábil, pero sí inteligente y bondadoso: McConmick.

DESCUBRIR AL CULPABLE 


Cuando se lee una novela policiaca, nos la podemos tomar muy en serio o solo en serio. El humor aquí juega un papel fundamental. Si nos la tomamos muy en serio, entraremos en un escenario dramático y tensional habitual de los thrillers actuales. Si os la tomamos solo en serio, podemos disfrutarla de forma mucho más distendida, como Un acto reflejo.

Ana Gomila hace uso de un humor inteligente mientras lleva al lector a descubrir al culpable. El culpable, por cierto, siguiendo las reglas del whodunit, es nombrado muy pronto, aunque será desvelado solo al final. 

La lógica que sigue Caravaggio para la resolución del caso siempre es irónica y deja entrever otros temas que el lector debe descubrir por sí mismo. Pero el ciclo se abre y se cierra, sin cabos sueltos, sin dudas sobre el asesino y sin descuidar el final.

AGATHA CHRISTIE COMO REFERENTE


Ana Gomila me quiere recordar a Agatha Christie. Creo que hay muchas mujeres haciendo muy buena literatura policiaca, tirando de ingenio, de destreza y de gusto literario. Ana es una de ellas. Un acto reflejo bien podría compararse con una pequeña obra teatral que leí hace ya un par de años de la Christie: La ratonera. O con otro whodunit de sobra conocido: Asesinato en el Orient Express.





2 comentarios:

  1. Me encanta Agatha Christie, de tal manera que sería capaz de escribirle
    10 mandamientos; me gusta la novela de misterio e intriga, pero me inquieta ese afán por copiar, homenajear o como queramos llamarlo a la gran dama del misterio.
    Siempre me deja con la mosca detrás de la oreja, lo siento.

    Besitos 💋💋💋

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  2. Anda, no conocía el término para referirse a este tipo de obras. No sé, no me termina de llamar la atención el caso, la verdad, pero gracias por tu entrada.

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