El libro de Cumbres borrascosas de Emily Brontë, un clásico y uno de los mayores exponentes de la literatura inglesa, vuelve a estar en boca de todos por la reinterpretación Emerald Fennell en la gran pantalla, algo que sin duda tenemos también que comentar un día. Pero hoy no será ese día.
En esta reseña daré mi opinión sobre algo que tiene a mi algoritmo bastante cabreado: la lectura de la obra clásica Cumbres borrascosas. Todo lo que leo sobre ella es bastante negativo. Y si te he salido en ese segmento de población que aborrece «la gran historia de amor de todos los tiempos», sal de aquí porque a mí me tiene voluntariamente poseída. Y eso que leí a Emily después de ver el torso desnudo de Jacob Elordi en pantalla, y no antes, por lo que a todas luces el libro tendría que haberme parecido más insulso. Pero no es el caso.
La maga de las letras residía entre la mediana de las hermanas Brontë y bastan unas pocas páginas de esta, su única obra, para descubrirlo. Tengo la cabeza tan chamuscada como cualquiera otra de este siglo XXI, apresada por el consumo rápido y las lecturas ágiles, pero siento que el tiempo se detiene para nosotros los lectores al adentrarnos en Cumbres borrascosas. El páramo, rudo; los paisajes, violentos; el clima, trastornado; las mansiones, encantadas. Y nosotros en medio. Pero sobre todo, nosotros en medio de dos personajes, Catherine y Heathcliff, que para mí no son los protagonistas de la historia y, sin embargo, son realmente la única historia. Esto nos tiene que entrar en la cabeza: el arco argumental de Catherine y Heathcliff apenas importa, apenas se desarrolla, apenas existe y se termina muy pronto, pero nada podría ocurrir sin ellos. Cumbres borrascosas, desde mi punto de vista, deja caer todo el peso de la trama en quien realmente la resuelve: la hija de Catherine, Cathy, pero ha trascendido y trascenderá por su madre y su tío.
Ojito con los parentescos, los apellidos, la redundancia de mismos nombres y el árbol genealógico de esta gente. Pero qué rico perderse, por fin. Qué rico tener que pasar las páginas hacia atrás para saber quién es quién, pararnos un ratito a recordar de dónde viene esta persona y tener que consultar nuestros registros mentales ahora que Chat Gpt no los da todo hecho. No dejéis que nadie os explique, ni os resuma ni os aclare Cumbres borrascosas. Dejaros arrastrar solos por la tormenta.
Y qué tormenta. No sé cómo explicar la fuerza de estos dos personajes que para mí apenas tienen argumento y que sin embargo son todo el argumento. ¿Entendéis la fuerza simbólica? ¿Comprendéis por qué se habla de la mayor historia de amor de todos los tiempos? Emily Brontë no nos permite vivir una historia de amor entre ellos, apenas unos cuantos contactos, intercambios dialécticos y una infancia de fuerte amistad que sin embargo se convierten en momentos plagados de drama, intensidad emocional y presencia tan fuerte que arrasan con todo lo que queda por venir. No has llegado ni a la mitad de la historia cuando te preguntas qué más nos van a contar, si ya ha «terminado» todo, y, entonces, descubres que aún queda la «posesión». ¡Que llamen a un exorcista!
Fantasmas, deudas del alma, tormentos, aflicciones, muertes (muchas muertes), herencias malditas, clima enfadado, y personajes que tendrán que cargar ahora con el peso de Catherine y Heathcliff. No os voy a decir lo que ya sobradamente se ha dicho: la atmósfera de Cumbres borrascosas, el paisaje y los fenómenos naturales responden a las emociones que se van desarrollando en la trama. Para mí Emily Brontë describe como si ella misma estuviera hechizada. Es la primera vez que en vez de subrayar frases de hype en una novela, subrayo párrafos enteros en donde se describen campos, cumbres nevadas o cambios estacionales.
Tampoco os voy a hablar sobre Heathcliff ni lo endemoniado que está ni lo que eso enfada al público. Voy a dejar de torturar el alma de este pobre personaje ficticio aunque todos mis congéneres le estén condenando al infierno. Yo no soy capaz de señalar un villano en esta historia. Toda ella es cruel. Pero toda ella es bella a la vez. Heathcliff es el retrato de algo que se rompe cuando aún no estaba completado y tiene que sobrevivir mientras se lo comen los gusanos.
Recuerden: En este libro muchos continúan su hilo argumental mientras se lo comen los gusanos. Bien porque la muerte acecha, bien porque ya están muertos en vida.
De lo que sí os voy a hablar es de todo el elenco de personajes y la moraleja poética que muchos de ellos tienen. En primer lugar, y esto es algo que también te puedes encontrar fácilmente en cualquier observación sobre el libro de Cumbres borrascosas, los personajes sirven como muñecas rusas para ir sacando una historia de otra. Heathcliff, en clave futura, alquila La granja de los Tordos a un señor que tras conocerle a él y a los extraños inquilinos de la mansión de Cumbres Borrascosas, se interesa por saber su historia y pregunta a la sirvienta (que venía incluida con el alquiler) sobre ella. La sirvienta de buena gana suelta prenda porque lo ha vivido todo en primerísima persona, desde la crianza de Heathcliff y Catherine, hasta el matrimonio de Catherine con el señor Linton, el matrimonio de Heathcliff con la señora Linton y los posteriores hijos de dichos matrimonios, así como la crianza también del sobrino de Catherine (ya os he avisado de que la genealogía es un lío de narices). Así que alternando pasado y presente, vamos conociendo los hechos acontecidos y sus personajes que no son más que un espejo de contrastes: desde lo escuálido, insípido, formal, correcto y armónico (que representaría la parte Linton -y La Granja de los Tordos-) hasta lo tosco, embrutecido, visceral, tormentoso y sucio (que encarnaría Heathcliff y todo su clan).
Pero entre todos los personajes que descubriremos en Cumbres borrascosas hay dos que lo resolverán todo y que a la vez harán justicia poética. A mí me ha encantado el final. El del libro. Con el de la película me mareé en mitad del cine (soy tremendamente hipocondríaca). Creo que es fácil detectar como la autora ha revivido en dos personajes tanto a Catherine como a Heathcliff para que aquel niño bruto y aquella niña consentida por fin se amen de verdad. Y no me puedo creer que en el fondo el propio Heathcliff no lo viera venir y lo permitiera, e incluso que fuera su verdadero objetivo y no el de heredar pertenencias y más pertenencias. Has jugado bien tus cartas, Emily.
Si leer Cumbres borrascosas de la señorita Brontë es un placer (doloroso, por momentos; mortal, ciertamente), terminarlo es un éxtasis extraño. Que recomiendo probar.
Cumbres borrascosas de Emily Brontë es sin duda uno de los mayores exponentes de la literatura en general y no solo cumple con el género más gótico, victoriano, romántico y dramático, sino que lo toquetea a su gusto, y lo lanza a un lector atemporal que podrá hacer su propia interpretación de él. Para mí es una historia de amor porque consigue que el el tormento de dos personas que se aman y que sin embargo no fueron amantes lo impregne y deforme todo hasta tal punto que borran el final y se condenan a un eterno inicio. Porque este libro tiene un fin, pero las almas de Catherine y Heathcliff no parecen tenerlo. Una historia que habla de dos personajes que se tienen que desarrollar a través de otros personajes, un libro en donde la verdadera protagonista es la hija de la gran dama atormentada por el amor y que da un espacio óptimo a todos los personajes que en él salen, incluso al viejo Joseph. Podría estarme horas hablando de cada uno de ellos. Solo os diré que los vientos de Yorkshire os esperan y que es hora de zarpar.
📌Leí la novela en la edición de la editorial Austral. Me pareció una edición muy económica, bonita y práctica. En la primera página hay una breve biografía sobre la autora, sin más comentarios sobre el texto.





1 Comentarios
Creo que soy una de las pocas personas a las que no les gusta esta novela; pero no dejo de reconocer lo que significó cuando se escribió. Un beso.
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