Javier Almendral prosigue su trayectoria literaria con su segunda novela, La tercera esfera, una novela policiaca y de misterio en donde un detective y galerista (el universo de Ruy Villaamil) se ve envuelto en la bĆŗsqueda de unas legendarias pinturas. Arte, corrupción e incluso prĆ”cticas ritualĆsticas se mezclan en una obra en donde tambiĆ©n tienen mucha importancia los escenarios y la ambientación.
¿Cómo nació la idea de La tercera esfera? ¿Me cuentas un poquito, con tus propias palabras, sobre esta historia?
Javier: Las ideas en literatura, como los proyectos en arquitectura, a mĆ me suelen surgir a partir de una imagen desencadenante. Una imagen potente, casi obsesiva, a la que uno se agarra y desde la que empieza a construirlo todo. En arquitectura serĆa la idea generadora de un proyecto; en literatura, la imagen que abre una historia.
En el caso de La tercera esfera, esa imagen fue El Cielo de Salamanca, la obra atribuida a Fernando Gallego. Me parecĆa brutal: una bóveda del siglo XV, cargada de signos, constelaciones, misterio, conocimiento, belleza... y al mismo tiempo una obra fragmentada, herida por el paso del tiempo.
A eso se sumó una noticia real que me impresionó mucho: la recuperación por la Guardia Civil de unas sinopias, unos dibujos preparatorios de esa misma pintura, en una colección privada de un polĆtico. Al parecer, los dibujos habĆan sido arrancados en los aƱos cincuenta por debajo la pintura final y habĆan desaparecido sin que nadie siquiera se hubiera dado cuenta. La realidad ya tenĆa todos los ingredientes de una novela: arte, patrimonio, pĆ©rdida, secreto, poder y una pregunta inevitable. Si solo habĆan aparecido algunas, ¿quĆ© ocurrĆa con las demĆ”s?
AhĆ nace la novela. Me interesaba partir de una grieta real y abrir una puerta de ficción: imaginar la bĆŗsqueda de otros fragmentos desaparecidos, piezas que quizĆ” esconden algo mĆ”s que valor artĆstico. Porque en La Tercera Esfera el patrimonio no es solo una obra antigua; es memoria, ambición, deseo de posesión y tambiĆ©n una forma de poder.
El tĆtulo es muy sugerente. ¿QuĆ© representa exactamente la tercera esfera dentro de la novela? ¿EstĆ” relacionado con tu anterior novela, El caso Lis?
Javier: SĆ, el tĆtulo viene de la Divina Comedia de Dante. En esa cosmologĆa de los cielos, la tercera esfera es el cielo de Venus. Y Venus representa la belleza, el deseo, el amor, pero tambiĆ©n una fuerza de atracción que puede ser luminosa o peligrosa.
Eso encajaba muy bien con la novela porque La Tercera Esfera trabaja con tres planos, tres tiempos y tres sentidos. Hay una parte situada en el siglo XV, vinculada al universo artĆstico, astronómico y simbólico de El Cielo de Salamanca; hay otra lĆnea relacionada con la corrupción polĆtica y económica de los aƱos del boom hasta la caĆda de Lehman Brothers, y hay una trama contemporĆ”nea en la que todo eso vuelve a emerger.
AdemÔs, Venus no es solo una referencia simbólica. Dentro de la novela hay una pintura vinculada a Venus que resulta absolutamente crucial. No es una cita erudita ni un adorno cultural: es una pieza central del misterio.
Por eso digo, como Joyce, que el tĆtulo casi se puso solo. TenĆa la bóveda semiesfĆ©rica de El Cielo de Salamanca, tenĆa la alquimia astronómica de aquella obra, tenĆa el cielo de Dante, tenĆa a Venus y tenĆa tres lĆneas narrativas que se cruzaban. La Tercera Esfera contenĆa, en muy pocas palabras, la arquitectura secreta de la novela.
Y sĆ, estĆ” muy relacionada con mi primera novela, El caso Lis. Comparten protagonista, Ruy Villaamil, y tambiĆ©n algunos personajes importantes y forman parte de una misma saga. No dirĆa que el orden de lectura sea imprescindible, pero sĆ que leer las dos permite entrar mucho mejor en el universo de Villaamil.
Las ambientaciones tambiĆ©n son importantes en la trama, ¿verdad? CuĆ©ntame sobre alguna de ellas.
Javier: Para mà las ambientaciones son fundamentales. No son un decorado, son parte de la trama. Supongo que tiene mucho que ver con mi formación como arquitecto: los arquitectos tenemos una mente muy apegada al lugar, a la luz, a las proporciones, a la manera en que una calle, una habitación o una ciudad condicionan lo que ocurre dentro de ellas.
Mi forma de escribir estĆ” muy ligada a eso. Siempre voy al sitio donde quiero ambientar una escena y la escribo allĆ. Me gusta sentarme, mirar, escuchar, entender cómo se mueve la gente, quĆ© temperatura tiene ese espacio, quĆ© sonidos aparecen, cómo entra la luz. Intento ser bastante purista con eso, porque creo que el lector lo nota. O al menos yo, lo noto.
En La Tercera Esfera hay mucho movimiento. La novela viaja por Escandinavia, Madrid, Sevilla, la Costa del Sol, Gibraltar, y, por supuesto, Salamanca. Me interesa que el lector sienta que la historia lo desplaza, que lo lleva de un lugar a otro, donde cada sitio, tiene una importancia relevante en la historia. Los lugares, su arquitectura, el dĆa del aƱo y su clima, cada detalle tiene una importancia relevante en la historia.
Uno de los retos mĆ”s grandes fue reconstruir la Salamanca del siglo XV. AhĆ no podĆa ir y sentarme a observarla tal como era. Tuve que reconstruirla a travĆ©s de planos, documentos, barrios, oficios, recorridos urbanos, formas de vida, textos viejos. Fue uno de los trabajos mĆ”s complejos y a la vez mĆ”s divertidos de la novela. HabĆa que imaginar una ciudad desaparecida parcialmente sin traicionarla.
TambiĆ©n me interesaba trabajar los contrastes: el archipiĆ©lago de Estocolmo frente al Hotel Alfonso XIII de Sevilla, la solemnidad de Salamanca frente a ciertos ambientes del poder polĆtico con su sensación de impunidad, muy en todos los periódicos ahora y desgraciadamente siempre. La belleza del patrimonio frente a la corrupción que puede rodearlo. En mis novelas, los lugares definitivamente aspiran a ser personajes.
¿QuĆ© tipo de lector buscamos con estas novelas, Javier?
Javier: Creo que buscamos un lector amplio, pero con una cosa en común: alguien que quiera disfrutar, que busque misterio, acción, viaje, arte, pasión y personajes complejos, incluso contradictorios. Un lector susceptible de emocionarse y ser en cierto modo camaleónico.
Quien disfrute con las grandes sagas de detectives o investigadores —Holmes, Montalbano, Poirot, Philip Marlowe, Bernie Gunther, Falcó— encontrarĆ” sin duda en Ruy Villaamil un personaje atractivo. No porque sea una copia de ninguno de ellos, sino porque pertenece a esa tradición de protagonistas con mĆ©todo, con manĆas, con heridas, con una mirada muy particular sobre el mundo.
Villaamil pretende ser de algĆŗn modo un hĆ©roe contemporĆ”neo, pero no en el sentido de alguien invulnerable. Me interesan sus contradicciones, sus problemas, su manera de moverse entre la inteligencia, la intuición, el cansancio y cierta elegancia vital. Es alguien que resuelve misterios, sĆ, pero tambiĆ©n alguien que vive, desea, se equivoca y arrastra sus propias sombras.
Luego hay otro lector al que creo que estas novelas pueden atraer: el lector al que le gusta viajar, el lyfestile, el buen vino... En mis libros los lugares importan mucho. Hay hoteles, ciudades, restaurantes, paisajes, ambientes sofisticados, espacios con memoria. La novela tiene tambiĆ©n una dimensión de experiencia, algo asĆ como una guĆa lĆrica de viajes.
Y sin duda estĆ” el lector interesado en el arte, en la arquitectura, en los misterios históricos. No hace falta ser especialista. Basta con tener curiosidad. Mis novelas giran alrededor de enigmas artĆsticos, pero intento que el lector aprenda y se interese casi sin darse cuenta, mientras sigue una historia de intriga. Al final intento escribir novelas completas: con entretenimiento, ritmo, acción, belleza, viaje, amor, arte y misterio. Con el poco tiempo que tenemos, quĆ© menos que abrir un libro y disfrutar, y paladearlo, ¿no?
HĆ”blame, para terminar esta primera parte de la entrevista, de algĆŗn personaje que te guste especialmente. ¿Te sientes identificado con alguien de la trama? ¿Hay algo tuyo volcado en ella?
Javier: Evidentemente Ruy Villaamil es un personaje muy importante para mĆ, porque es el centro de la saga y porque a travĆ©s de Ć©l puedo mirar el mundo. EstĆ” claro que escribir en primera persona es ya un “manifestó”, pero no dirĆa que soy Villaamil, ni mucho menos, aunque sĆ hay cosas mĆas en Ć©l: una determinada relación con la belleza, con los lugares, con el arte, con la intuición, con esa necesidad de entender quĆ© hay detrĆ”s de las cosas.
Villaamil tiene algo clĆ”sico y algo muy contemporĆ”neo. Es un detective especializado en arte, con un “super poder” que es su memoria visual infalible, pero tambiĆ©n es un personaje con heridas, con manĆas, con deseo, con contradicciones. No me interesaba construir un hĆ©roe perfecto, sino alguien reconocible, magnĆ©tico, culto, crĆtico, a veces incómodo, capaz de moverse entre una obra del siglo XV y odiar con el alma una trama de corrupción actual.
TambiĆ©n me gusta especialmente MĆa, porque representa una energĆa distinta. En torno a ella hay amor, bĆŗsqueda, fragilidad, fuerza, misterio. MĆa no es un simple apoyo del protagonista. Tiene su propia luz, su propia complejidad, y creo que ayuda a que la novela tenga una dimensión emocional muy fuerte, tal vez es el personaje fundamental de la novela.
En general, creo que en todos los personajes hay algo mĆo, algo de mi ironĆa o de mis obsesiones. Incluso los personajes mĆ”s oscuros nacen de preguntas propias: quĆ© hace el poder con las personas, quĆ© hace el dinero, cómo corrompe hasta al mĆ”s honrado, quĆ© hace el deseo de poseer.
[Primera parte de la entrevista realizada a Javier Almendral, autor de La tercera esfera y El caso Lis].


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