Javier Almendral continĆŗa con su gira de presentaciones con La tercera esfera. Tras su puesta de largo en Madrid, en la librerĆ­a El halcón maltĆ©s y su paso por la Feria del Libro de Madrid, ahora se prepara para una nueva incursión este viernes 3 de julio en el Patio de Escuelas Menores de la Universidad de Salamanca. Y nosotros aprovechamos para seguir conociĆ©ndole mĆ”s, a modo de continuación de la primera entrevista que le realizamos.

De arquitecto a escritor. Ahora ambos conviven en ti. ¿QuĆ© es lo que mĆ”s te gusta de la arquitectura?

Javier: La arquitectura y la escritura han convivido siempre en mí. No las siento como dos mundos separados, sino como dos formas distintas de enfrentarse a un proceso creativo. En arquitectura, como en literatura, muchas veces todo nace. Como dije, de una imagen desencadenante, de una intuición, de una idea generadora a partir de la cual empiezas a construir. En un caso construyes espacios; en el otro, construyes una historia.

Lo que mÔs me gusta de la arquitectura es su carÔcter abierto. Es una disciplina extraordinariamente transversal. Tiene cultura, arte, historia, pensamiento contemporÔneo, técnica, ingeniería, matemÔticas, sensibilidad estética y también una cierta dimensión literaria. La arquitectura habla de cómo vivimos, de cómo nos movemos, de cómo nos relacionamos y de cómo imaginamos el futuro.

En mi caso hay ademÔs una herencia familiar, que probablemente influyó desde el principio. Pero mÔs allÔ de eso, siempre me atrajo que la arquitectura no fuera una disciplina cerrada. Un arquitecto tiene que saber un poco de muchas cosas: de materiales, de ciudad, de luz, de proporción, de tecnología, de economía, de sociedad, de memoria. Esa mezcla me parece fascinante.

Yo reivindico mucho esa mirada transversal. Vivimos en un mundo que tiende cada vez mÔs a la especialización, y la especialización es necesaria, pero creo que también necesitamos personas capaces de conectar saberes distintos. Si tuviera que escoger una sola cosa de la arquitectura, quizÔ elegiría su vocación de futuro: esa posibilidad de mirar al pasado, dialogar con la memoria y, al mismo tiempo, soñar hacia adelante. Sí, sería eso.

¿Cómo ha influido tu trabajo actual en tus novelas? Te lanzo, ademĆ”s, una pregunta asĆ­ mĆ”s filosófica: ¿crees que la ficción tambiĆ©n puede influir en el urbanismo?

Javier: Mi trabajo influye muchísimo porque me obliga a pensar constantemente en los espacios, en la ciudad, en cómo se habita un lugar y en cómo una determinada arquitectura condiciona la vida de las personas. Eso inevitablemente aparece en mis novelas.

Yo no escribo los escenarios como simples fondos. Los escribo casi como estructuras vivas. Un hotel, una calle, un restaurante, una plaza o una ciudad entera pueden modificar el comportamiento de un personaje. Pueden protegerlo, aislarlo, seducirlo o amenazarlo. Eso viene claramente de la arquitectura.

También hay una influencia en la forma de construir la novela. Una novela, para mí, tiene algo de edificio. Necesita estructura, ritmo, recorridos, zonas de sombra, espacios abiertos, puntos de tensión, entradas y salidas. Tiene que sostenerse. Tiene que permitir que el lector transite por ella sin perderse, pero también sin verlo todo desde el principio.

Y respecto a si la ficción puede influir en el urbanismo, te lo digo claro, Eva, la respuesta es un sí rotundo. La ficción no redacta planes urbanísticos, evidentemente, pero genera ideas y sueños. Y las ideas y los sueños son muy poderosos. Antes de construir una ciudad, muchas veces alguien la ha imaginado.

La literatura y el cine han pensado la ciudad antes que muchos arquitectos. Italo Calvino en sus Ciudades Invisibles (qué poesía de libro), Tanizaki en su Elogio de la Sombra , Ballard, Orwell o Philip K. Dick han construido ciudades mentales que nos ayudan a entender el deseo, el miedo, el control o la soledad contemporÔnea. En el cine pasa igual: Blade Runner, Metrópolis, Her, o incluso Tiempo después, de José Luis Cuerda, con esa incontrolable ironía del mega edificio entre Oiza e Higueras que resume el mundo, proponiendo un universo urbanodelirante, pero también profundamente lúcido.

Esa es la conexión que mÔs me interesa entre ficción, arquitectura y urbanismo: antes de una solución técnica hay siempre una visión del mundo.

¿CuĆ”l ha sido el mayor reto a la hora de escribir La tercera esfera?

Javier: El mayor reto, ademÔs de encontrar tiempo para escribir, fue probablemente la parte ambientada en la Salamanca del siglo XV. No solo por la reconstrucción histórica de la ciudad, sino por algo todavía mÔs delicado: la voz.

Yo quería que esa parte resultara realista, pero al mismo tiempo legible para un lector contemporÔneo. No se trataba de reproducir exactamente el castellano del siglo XV, porque eso habría convertido la novela en algo muy difícil de leer. Lo que buscaba, y esto es un poco revertiano, era crear una ilusión de época: un lenguaje propio, con resonancias antiguas, que hiciera sentir al lector que estaba entrando en otro tiempo sin expulsarlo de la historia.

Para eso me empapé de literatura española de esa época. Volví a obras como La Celestina, los poemas de Manrique o Garcilaso, a películas como El Perro del Hortelano, a textos teatrales y formas expresivas de los siglos XV y XVI, y también a autores posteriores que ayudan a entender una cierta temperatura del idioma. No para copiarlos, sino para encontrar una música, una cadencia, una manera de hablar que pudiera sostener esa parte de la novela.

Ese fue un reto importante porque La Tercera Esfera trabaja con varias líneas narrativas y cada una necesitaba su propio registro. La parte contemporÔnea no podía sonar igual que la del siglo XV, ni la trama de corrupción política de finales de 2007.

Y luego estaba el otro gran desafío: que lo que ocurre en el siglo XV no fuera un adorno, sino una pieza esencial del mecanismo narrativo. Tenía que estar perfectamente unido al presente, al misterio artístico, a los personajes actuales y al sentido final de la trama. QuizÔ ese fue el reto mÔs arquitectónico del libro: levantar tres tiempos distintos y conseguir que sostuvieran una misma estructura.

¿AlgĆŗn otro proyecto en marcha?

Javier: Sí, hay un proyecto bastante avanzado dentro de la misma saga de Ruy Villaamil. Se titularÔ, en principio, Archivo Villaamil, y nace como un homenaje a una tradición que me fascina: la de los grandes relatos de detectives, especialmente las aventuras de Sherlock Holmes de Conan Doyle.

La idea es reunir entre ocho y doce relatos —todavĆ­a estoy ajustando la estructura final— en los que Villaamil se enfrenta a distintos casos, vinculados, claro, con el arte. Cada historia transcurre en una ciudad diferente, de momento tienen ya su episodio MilĆ”n, Nueva York, ParĆ­s, Venecia, Tokyo, Marrackech y Londres. Esas ciudades, por cierto, no estĆ”n elegidas al azar: son lugares en los que o bien he vivido como las tres primeras, o que, como escritor, como lĆ­rica, como lyfestile contemporĆ”neo me han influido especialmente.

Me interesa que el libro funcione casi como una guía de viajes secreta del propio detective. No una guía turística convencional, sino una especie de mapa emocional, artístico y vital de Villaamil. Cada ciudad tendrÔ su atmósfera, su misterio, su obra de arte, su restaurante, su hotel, su calle, su sombra.

Esa mezcla entre investigación, arte, viaje y estilo de vida forma parte del ADN de la saga. También quiero que tenga un punto literario, incluso lírico en algunos momentos, y otros mÔs épicos. Después de El caso Lis y La Tercera Esfera, creo que Archivo Villaamil puede consolidar aún mÔs a Ruy Villaamil como un detective con un universo propio.

Hay otros proyectos vinculados a la arquitectura y a otros temas, pero ahora mismo este es el que estÔ mÔs evolucionado dentro de la saga. Mi intención es que pueda estar listo antes de final de año.

¿QuĆ© te gustarĆ­a que el lector se llevara despuĆ©s de leer tus novelas? ¿QuĆ© esperas con este camino que has iniciado?

Javier: Me gustaría que el lector se llevara, ante todo, una reflexión sobre la belleza y sobre la verdad. La Tercera Esfera nace de un amor profundo al arte, a la arquitectura, a los lugares hermosos, a todo aquello que el ser humano ha creado para intentar trascender. Pero ese amor aparece contrapuesto a algo muy oscuro: la corrupción la degradación moral.

La novela tiene una mirada crítica muy clara hacia la corrupción política y económica, y también hacia el blanqueo de capitales a través del arte. Me interesaba mucho esa contradicción: cómo algo tan puro como la belleza puede ser utilizado por intereses tan turbios. El arte puede elevarnos, pero también puede convertirse en mercancía, en poder, en refugio para la ambición o en coartada para la impunidad.

Frente a eso estÔn Villaamil, Mía y los demÔs personajes que se mueven alrededor de esa búsqueda desesperada de la verdad. No son personajes ingenuos. Saben que el mundo es complejo, que hay miseria, deseo, engaño y zonas grises. Pero aun así siguen buscando: la verdad, la belleza, una forma de justicia, aunque sea imperfecta.

Creo que eso es lo que me gustaría que quedara después de leer la novela: la sensación de que vivimos en un mundo lleno de contradicciones, donde la belleza y la corrupción pueden tocarse, donde el amor y la ambición pueden convivir, y donde aun así merece la pena seguir buscando algo verdadero.

En cuanto a este camino que he iniciado, espero que los lectores quieran a estos personajes, que tengan ganas de seguir con ellos, de ver hacia dónde van, qué nuevos misterios encuentra, qué heridas arrastran y qué mundo nos permiten mirar a través de sus ojos.

Villaamil me parece un personaje necesario: clƔsico y contemporƔneo a la vez, crƭtico, elegante, magnƩtico, herido y heroico a su manera, pero tambiƩn lleno de sombras. Un detective de arte que no solo investiga obras o crƭmenes, sino tambiƩn las grietas morales de nuestro tiempo. Y, por supuesto, espero seguir escribiendo: seguir viajando con estos personajes y seguir construyendo un universo donde el arte, la belleza, la verdad y el misterio estƩn siempre en el centro.

[Segunda parte de la entrevista realizada a Javier Almendral, autor de La tercera esfera y El caso Lis].