Si habéis leído mi reseña de El borrador de Carlos González, ya sabréis que no suelo leer las sinopsis antes de adentrarme en un libro. Me dejo llevar un poquito como barco a la deriva a la isla que me quiera acoger. Aunque también me esfuerzo y remo cuando veo un destino bonito, quizás porque leo una frase que me gusta, veo una portada que me encanta o me llega la recomendación de un buen amigo o amiga. La historia de Ana Ruiz Echauri me atrajo por sus pajaritos. Eso de ver crecer a unos cernícalos a través de una ventana y que alguien, con…
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