Aunque últimamente apenas leo fantasía, fui muy asidua de ella en mi época adolescente, así pues, de forma esporádica, me sigo adentrando en libros del género para continuar con el hábito. Y aquí es donde surgió mi relación con Crónicas de Gabriel, la obra del escritor catalán Miquel Àngel Lopezosa.


A lo largo del tiempo me he dado cuenta de que existen dos tipos de novelas dentro del género de la fantasía épica: las que cuentan una historia global y las que siguen un esquema de desbloqueo de logros. Miquel ha optado por esta segunda tendencia y es quizás, la más complicada de desarrollar. El desbloqueo de logros consiste en adquirir ciertos objetos o superar algunos retos que llevan consecutivamente a otros durante el argumento. Las novelas donde la consecución de logros es el eje central pueden pecar de excesivas y Crónicas de Gabriel, para mi gusto, ha caído un poco en este error. Ahora que he terminado la novela, debo reconocer que se deja poco respiro al lector entre logro y logro. Los protagonistas están constantemente intentando alcanzar un objetivo que les lleve a otro, y así consecutivamente. Más concretamente, los personajes, una vez encontrado el Manuscrito de Ceres, han de conseguir cuatro objetos mágicos que serán la llave para poder traducir su mensaje. Este fin nos llevará a recorrer distintas puertas dimensionales y diferentes mundos plagados de seres maléficos, dioses y criaturas peculiares. Mi memoria a corto plazo no era capaz de ir asimilando la información, pues cuando lector y personajes conseguíamos una meta, el autor ya se había puesto en marcha para otra nueva aventura. "¿Es que esto nunca termina? ¡Necesito coger aire!", pensaba. Desde luego, es muy recomendable para quienes disfrutáis de altas dosis de acción y de aventuras constantes. Pero personalmente, me hubiese gustado que el hilo conductor del argumento no estuviese condicionado por el desbloqueo de logros, ya que en ocasiones lo sentía forzado.

Os advierto que tengo muchas cosas buenas que decir de este libro. Así pues, continuad leyendo.

A pesar del exceso de metas que dirigen el argumento de la novela, la atracción hacia ellas es mortal. No puedes dejar de leerla porque necesitas conocer cómo se resolverán las situaciones. Así pues: demasiadas aventuras, sí. Pero muy adictiva también. El mundo que Miquel se imagina es espectacular y se gana la etiqueta de género fantástico. Vamos a viajar a través de distintas puertas dimensionales hacia mundos que ni imaginamos y recorreremos el espacio exterior en busca de nuevos secretos y enseñanzas. Y por último, los amantes de lo fantástico se llevarán una grata sorpresa al descubrir el atrevimiento de este autor con una ingeniosa mezcla: mitología egipcia y seres fantásticos como los dragones. ¿Cómo puede estar relacionado un dragón con un dios egipcio? En Crónicas de Gabriel está la clave.

Los elementos mágicos no se intuyen, sino que están. La magia no se lee entre líneas, sino que existe. Estaremos rodeados por objetos épicos, conjuros en latín y ambientaciones fantásticas (no como sinónimo de maravillosas, sino como característica peculiar del género de lo irreal dentro del marco real de nuestro mundo). Fantasmas, dioses, magos, gárgolas, ninfas, sirenas, arpías, serpientes... ¡Este libro es para nosotros! La genealogía de los dioses egipcios, como dije en el párrafo anterior, también está presente, y también su mundo, prácticas, creencias... Otros lugares claves como Machu Picchu aparecerán en el libro, haciéndonos sentir como en casa. Y es que nuestra casa, nuestro planeta, tiene muchos enclaves mágicos.

Por tanto, aunque al principio la consecución de logros aceleraba el argumento y entorpecía la sensación de continuidad, una vez que nuestros protagonistas se centran en conseguir los objetos mágicos, la historia se expande y se adapta más a la narrativa épica madura. 

Algo que merece la pena destacar es que, ¡Miquel no se olvida de dar de comer a sus protagonistas! Menos mal, porque hay escritores que matan de hambre a sus personajes. No comen nunca a pesar de la cantidad de aventuras que llevan a cabo. Pobrecitos. Gracias Miquel por alimentar bien a los tuyos. Y como otra forma de alimentación es la calidad narrativa que un autor ofrece a sus lectores, también le debo dar la enhorabuena por lo bien que escribe, el abanico léxico que maneja y lo acorde del uso del lenguaje para el entramado épico de la trama.  

Sin embargo, volví a encontrar algunos elementos que no me han enamorado del todo. Estos personajes me han parecido un poco  infantiles, lo que ha impedido que ciertos giros fueran verosímiles. Estos en general no me han gustado. Estamos centrados en conseguir los objetos mágicos y de repente, aparecen algunas sorpresas "telenovelescas" que ponen en riesgo la credibilidad de la trama. Esta novela tiene muchas páginas, y obviamente, pueden ocurrir muchas cosas, pero quizás Miquel debería haberse guardado ases en la manga o haber seleccionado sorpresas. Son muchas cosas a la vez: las metas, los giros, las historias paralelas de cada personaje, la comprensión de lo que ocurrió en el pasado... Repito, son muchas páginas y por tanto, podemos encontrar demasiada información. Otra cosa que no he entendido es por qué los personajes fuman tantísimo. Y por añadir otra sugerencia, los conjuros en latín podrían tener algún pie de página con su traducción.

En general, aunque veáis muchas pegas, ha sido una novela muy interesante y estoy dispuesta a leer la siguiente parte de la trilogía. Es otra forma de hacer literatura fantástica, y de todas las novelas que he leído del género que siguen el esquema de desbloqueo de logros, la de Miquel es la mejor. Además, nos sorprenderá descubrir la influencia egipcia y disfrutaremos de todos los elementos mágicos, creando en nuestra mente unos escenarios maravillosos y elevándonos hasta el inexplorado espacio exterior con sus puertas dimensionales y secretos ancestrales. Por último, resaltar el mensaje que Crónicas de Gabriel transmite. Todos tenemos una Verdad dentro de nosotros mismos, y al leer esta novela, te sientes identificado con el objetivo de los personajes. Más allá de encontrar o no las llaves que traducirán el Manuscrito de Ceres, cada protagonista se recorrerá a sí mismo y aprenderá valores importantes como la amistad, las "sincronicidades", el amor o aquello que ya decía El Principito: "Lo esencial es invisible a los ojos". Un viaje de autoconocimiento.