Me he preguntado en varias ocasiones durante la lectura qué hago leyendo un libro sobre las Malvinas. No es que tenga nada en contra de ellas, pero no es un tema al que me hubiera acercado un día cualquier por interés. Para poneros en contexto, en abril de 1982, las Fuerzas Armadas argentinas recuperaron estas islas que se hallaban en manos de los ingleses. Y de esto trata Qué quedará de nosotros de Eduardo Sacheri. De hecho, él es la respuesta a la pregunta de qué hago yo leyendo un libro sobre las Malvinas, pues leería hasta un prospecto médico recetado por el autor. Así que, heme aquí.

He aprovechado el verano para abordar la última novela publicada por Eduardo y mi familia también se ha sorprendido al verme inmersa en una historia sobre el escenario bélico de aquellas islas. A todos les he pedido lo mismo, que, por favor, no me cuenten el final. Parece una paletada histórica esto de no saber cómo termina el cuento de las Malvinas y, aunque lo deducía, ya que he dado el paso, quería vivirlo como lectora en este envoltorio de la ficción, por lo que no aceptaba spoilers. Una nunca termina de saber todo lo que no sabe.

Lo primero que me gustaría decir sobre Qué quedará de nosotros es que si buscáis una novela bélica, en donde la guerra con sus tiros es la protagonista, aquí no es. Ya muy al final nuestro grupo de argentinos comienzan a verse inmersos en la contienda, pero hasta entonces asistimos a una reflexión larga acerca del significado de una guerra absurda (como todas las guerras). Y para dicha reflexión acompañamos a tres amigos jóvenes que tienen que dejar sus vidas en el continente para aterrizar en un lugar desértico, una extensión de tierra hostil en donde no les espera nada. Cada cual lo vivirá de una manera diferente, junto a un par de militares que acaban de dar las últimas pinceladas a un cuadro muy, pero que muy bien pintado.

Uno de nuestros jóvenes se marcha enamorado. Otro, bien recolocado por mediación de su madre. El último, aventurero, supongo. Porque lo que Sacheri primero nos muestra es la emoción que quizás sintieron muchos militares movilizados al ser los primeros en pisar aquellas islas, de formar parte de un momento histórico, de volar por primera vez, de estrenar aquel paisaje recientemente bautizado como argentino. Pues las negociaciones diplomáticas tendrían que dar su fruto a favor de Argentina, pero... 

Y así, nos vamos encariñando con tres amigos cuyo final es impredecible. También con la figura de algunos militares, uno de ellos como villano de la historia y otro como héroe moral. Luces y sombras. De todo el proceso de las Malvinas te enteras muy bien, la documentación es excelente, pero la trama va por otro lado. La trama habla de aquellos seres humanos que sabían que iban a perder una guerra y aún así lucharon, de los ratos muertos que pasaron en mitad del frío y la nieve, de los que dispararon un arma por primera vez. Y, sobre todo, habla de ese nosotros que aparece en el título.

El final, como todos los finales de Sacheri, es para enmarcarlo. Poético, emotivo, nostálgico. Una imagen que nos queda en la memoria y en la que el lector puede decidir qué elegir. 

Siempre he pensado que Sacheri tarda mucho en llegar al meollo de las cosas que escribe. Si escribe sobre la guerra de las Malvinas, primero es capaz de contarte todo el rollo personal y particular de cada uno de los personajes en contextos que nada tiene que ver con la guerra antes de ponerlos a pegar tiros. Y también he pensado siempre que todo eso me da igual, que quizás con otro escritor podría impacientarme, pero él escribe tan bien, tan conciso, tan directo, que me gusta esta propuesta de paseo largo. 

Qué quedará de nosotros de Eduardo Sacheri es una propuesta poética sobre la guerra de las Malvinas en donde, sin prescindir de su contexto histórico, acompañamos la vida de los seres humanos que formaron parte de aquello. Porque como dice Carlitos (uno de los tres jóvenes protagonistas): ¿Se acordarán, allá, de que peleamos? Yo ni si quiera conocía el final de aquella guerra. Nunca me interesé por las Malvinas. Pero ahora sí, porque a veces necesitamos que otros pongan en órbita acontecimientos que ocurrieron y que pronto se olvidaron.