Creo que voy a dejar de leer libros que hayan sido premiados en cualquier concurso literario porque no suele gustarme ninguno. Este verano me he topado con dos; el primero lo dejé (así que no voy a nombrarlo) y el segundo, Hey, buenos días. ¿Cómo estás? de Martina Hefter no acabo de entender mucho el porqué del galardón.
Pero no soy tonta, sí que puedo apreciar entre líneas la particularidad de esta novela que en muy pocas páginas consigue transmitirnos un nudo descomunal: Juno, artista y bailarina, cuida de su marido Júpiter, gravemente enfermo. Afronta su vida cotidiana y encuentra una vía de escape en un chat con un estafador del amor. Supongo que aquí hay material para un premio literario.
Después de este concepto general, no hay una línea argumental clara que seguir. Son trocitos dispersos de estos elementos que se exponen en la sinopsis mezclados con el interés por la astrología de la protagonista, su pasión por el baile y su obsesión con los estafadores del amor. No tiene ningún cierre, ni moraleja, ni lo que al principio parecía prometedor (el estafador) acaba tampoco teniendo relevancia.
Sin embargo, siento que es como contemplar arte abstracto. Parece que no hay un sentido, pero sí que hay un sentido. La autora escribe bonito y sencillo y quiere decirnos cosas. Pillamos muchas de ellas, sin duda, pero a veces se hace bola.
Para mí es demasiado amplia, abierta y descentralizada.
Se lee rápido, así que si os causa curiosidad, no dejéis de acercaros a ella.
La protagonista también es difícil de entender y supongo que esto es en parte mérito de la autora. Fría, rara, y poco carismática. Aunque quizás en eso reside su fuerza. Con el marido también existe una relación de resignación, rendición, frustración silenciosa y sobre todo amor que puede ser de lo más interesante de la novela. Es decir, no me ha interesado tanto la vía de escape que Juno, la protagonista, encuentra, como lo que la mantiene retenida: Júpiter. Hay amor, como dije, aunque es un amor que ya se ha asentado en una situación que no se nombra. Juno a veces habla de un montón de vaguedades y divaga porque, supongo que, a las cosas que de verdad tendría que poner nombre en su vida, no puede hacerlo.

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