A veces escribo reseñas de libros que casi nadie ha reseñado, como La Lista de arrepentimientos de Clover, y otras veces hablo de novelas que tienen ya a muchas personas hablando de ella. Este es el caso de La chica más lista que conozco de Sara Barquinero, quien colecciona un montón de artículos sobre el tema haciendo que casi me dé vergüenza venir aquí a hablar de ello.

¿Qué decir?

¿Qué aportar?

Bueno, yo entré a este libro por la Filosofía. Leí «Alicia deja su ciudad natal para estudiar Filosofía en Madrid» y me quedé. Hay bastante chicha filosófica en la historia, aunque enfocándose en unos cuantos autores fetiches. Sin embargo, creo que el hilo conductor es buenísimo, una antesala perfecta para todos los gérmenes que se desarrollan después. Pues ¿no es la filosofía la que nos enseña a pensar? Y cabría preguntarse en qué pensamos la mayor parte del tiempo.

Nuestra estudiante universitaria, Alicia, piensa en Juan, su profesor, más mayor que ella. Las relaciones age-gap (echa un ojo a Tu niña) me llaman casi tanto como la Filosofía. Alicia es un personaje difícil, o eso recuerdo. Un personaje difícil de leer y supongo que también un personaje difícil de crear. Hecha para caerte mal, nacida para caerte bien. Con todas las contradicciones universitarias de la edad, atrapada en la tortura de un amor utópico, más bien caída en la tortura de un amor utópico y con un panorama académico abusivo detrás. 

Dar asco es una cosa que atraviesa casi todas las universidades de España, si no todas. Quienes hemos cursado una carrera universitaria no solo sabemos de los tejemanejes que muchas veces hay entre departamentos, sino también de lo podrido que está todo sistema que se precie, por muy educativo que sea ese sistema, así como los abusos de poder que pueden acontecer en él. Porque lo jerarquizado conlleva un gran poder.  Y la relación entre profesor-alumna siempre puede ser una golosina jerarquizada. En La chica más lista que conozco se airean temas de consentimiento en el entorno estudiantil, así como las luces y sombras de los movimientos y protestas que se pueden llevar desde ámbito académico y los arcos de crucería que hay entre política y vida íntima.

En verdad esta novela alberga casi de todo. Aunque la obsesión de Alicia por Juan inunda la obra, desde la espera del ser amado (inalcanzable, prohibido, culto, bohemio, idealizado, un mindundi estereotipado), hasta la esclavitud que conlleva amar a un ser. También la caída, la reparación, la nueva caída, la vigesimosexta nueva caída, la humillación de seguir cayendo y, por fin, el despertar amargo. Pero también trabaja otros géneros como la amistad entre mujeres (o la traición entre mujeres), los límites del deseo, la búsqueda del yo, la complejidad de la mente humana, el ansia de conocimiento, el conocimiento como identidad, y otras cuestiones que seguro que se me escapan.

No es un libro que leí rápido, de hecho, me llevó bastante. Párrafos extensos, pensamientos circulares de Alicia, poca chicha tóxico-romántica hasta pasadas varias, muchas páginas, reflexiones intercaladas, política y rebelión. Pero al final me ha gustado. Sara escribe muy bien y merece la pena adentrarse en todos los sutiles hiles que tejen esta trama.

La chica más lista que conozco de Sara Barquinero me ha devuelto a mi época estudiantil, quizás más tranquila que la que aquí se relata, pero reconocible, sin duda. Es una novela sobre consentimiento, sobre una relación de poder, sobre qué es y qué llega a ser el amor, pero también sobre muchos otros temas que agreden nuestros días, que conviven con nosotros, que nos hacen preguntarnos cosas, como los filósofos se lo preguntaron tiempo ha. Una novela que explora las entrañas académicas, que denuncia sin denunciar, que te deja con tus propias reflexiones. Personajes que van y vienen y una Alicia que no ha llegado aún, qué duda cabe, al País de las Maravillas